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3/29/2009

THOMAS DYLAN SU POESIA C

LA LOSA DECÍA LA FECHA DE SU MUERTE

La losa decía a fecha de su muerte.

Me detuve a la vista de sus dos apellidos.

Una virgen casada reposaba.

Se casó en este sitio invadido de lluvias

que descubrí un buen día por azar,

antes que en el regazo de mi madre oyera

o viera en la caracola del espejo

el hablar de la lluvia a través de su frío corazón

y al sol asesinado en su semblante.

No puede decir más la gruesa piedra.

Antes de que ella se tendiera en la cama de un extraño

con una mano hundida entre su pelo,

antes que una lengua lluviosa devolviera los golpes

a través de diabólicos años y muertes inocentes

hasta llegar al cuarto de algún hijo secreto,

oí decir más tarde entre los hombres

que lloró al ver desnudos

sus miembros ataviados de blanco

y contemplar sus colorados labios

ennegrecidos por los besos;

que lloró en su dolor con muecas en el rostro,

y que habló y lagrimeó

aunque sonriera su mirada.

Yo que vi en una rápida película

a esta loca heroína y a la muerte

encontrarse una vez, sobre un muro mortal

la oí hablar a través del astillado pico

del pájaro de piedra que la guarda:

"Morí antes que llegara

la hora de ir al lecho

pero rugió mi vientre mientras tanto

y sentí en la desnudez de mi caída

una cabeza roja y áspera que irrumpía llameante

y el amado diluvio de su pelo”.


SIN TRABAJAR CON LAS PALABRAS

Sin trabajar con las palabras durante tres meses estériles
en el vientre sangriento del año rico y la gran bolsa de mi
cuerpo
censuro amargamente mi oficio y mi pobreza:

Tomar, dar, eso es todo, devolver lo que se da con hambre
soplar hacia los cielos a través del rocío las libras del Maná,
el bello don de la charla rebota contra una vara ciega.

Elevarse, alejarse de la riqueza humana es gustar a la muerte

que al fin arrasará con los dineros del aliento marcado

y contará los misterios robados, traicionados en una maligna oscuridad.

Rendirse ahora es pagarle dos veces a ese ogro insaciable.
Bosques antiguos de mi sangre, precipitaos a la cuenca de los
mares

si me pongo a quemar o resarcir el mundo lo cual es la tarea de cada uno de los [hombres.


UN SANTO A PUNTO DE CAER

Un santo a punto de caer,

las planicies manchadas de los cielos golpearon y rozaron
los ruedos en forma de cometa de su besado manto,
en la última calle los gestos alabaron
el destejerse como canción junto a la roca,
de la pared labrada
de la casa paterna en las arenas,

y el esfumarse del musical trabajo de los puertos y el cloquear de las campanas,

la tos herida del reloj, medidor de la sangre
tras un rostro de agujas,

sobre el etna angelical de las últimas tierras de plumas aleteantes
con pie calzado en viento en el hueco de una bola de fuego
entonó himnos a sus rebaños que se marchitaban,
en el último extremo de la parva junto a pozos rebosantes de vino,
hambriento, cantó al cielo

y al veloz Pandecristo cortado que escupía vinagre
y todos los asombros de su lengua lisonjera y envidiosa
se incrustaban en fuego y caracolas.

La gloria estalló como una pulga
los sagrados bosques de velas con sus hojas de sol
echaron baba sobre un árbol chamuscado
encapotándolo de negros brotes,

las dulces barcas con aletas de peces que acarreaban sangre
se tambalearon en un mar a pique
con sus presas de algas y de pajas,

con su caída cayó el cielo y una exhausta campana golpeó en el

[aire abandonado.

Oh despierta en mí, en mi casa en el barro
del cruce de las riberas quejumbrosas,

echado a latigazos de la carbólica ciudad confunde en un lecho de penas

las bases huidizas del cielo familiar,
los tejados altivos de las nubes.

Desde un extraño cuarto en una casa dividida mira fijo,
con la leche en la boca, los agrios diluvios
que entierran la dulce calle lentamente,
mira como la calavera de la tierra se arma con una guerra de cabellos

y cerebros ardientes.

Golpea en la ciudad-bomba-de-tiempo,
levanta las vivientes vigas del tambor del oído,
tira tu miedo como un fardo de piedra,
a través del asilo sombrío,
envuelto entre gemidos de Herodes
mientras penetran sus espadas
pues los ojos ya han sido asesinados,
se fuerza el gastado corazón
y la agonía tiene otra boca que alimentar.
Oh despierta y mira, luego de una caída noble
de nuevo el viejo sumidero fangoso, el sórdido pesar
gotea desde las manos de estropajo y la estrujada esponja de la
frente,

el aliento retrocede como un rayo a través del aceite blanquecino
y un extraño penetra como el hierro.

Grita de gozo que este segundo con cara de comadre y de bruja
te intimida hacia el brusco mar tan suavemente
y un látigo hecho del pulgar y del sol
convierte en una playa de toros estruendosa
tu isla silenciosa, cercada de muchachos.


"SI MI CABEZA CAUSARA EL MÁS MÍNIMO DOLOR"

"Si mi cabeza causara el más mínimo dolor

vuelve a encerrar el hueso descendido. Si el globo intacto de mi aliento

chocara en un conducto deja que salten las burbujas.
Es mejor ceñirme la garganta con el gusano de las sogas
que alardear un amor enfermizo en esa escena de pañales.

"Todos los estribillos caben en tu anillo de reñidero;

he de peinar los bosques enredados con un guante en la lámpara,

picotear, correr, bailar sobre las fuentes y zambullirme en el tiempo

antes de que reduzca a martillazos el fantasma, el aire,
aporree la luz y ensangriente un cuarto sonoro.
Si mi arribo encorvado y simiesco es cruel
arrójame con ira a la casa en que me hicieron. Mi mano se desata
cuando tú coses la profunda puerta. La cama es un lugar de
aflicción.

dóblate como un arco si mi travesía te doliera
o haz una sombra renga y sin jinete que gotee nueve meses fluidos"

"No. Ni por el lecho deslumbrante de Cristo
ni por un sueño nacarado entre encantos y partículas suaves
mi amor, yo cambiaría mis lágrimas o tu cabeza de hierro.
Mi hijo o hija, nada te empujará a la fuga, nada, nada,
aunque se rompan las pesadas multitudes acuáticas del cielo.

Ahora con mi gozo por cueva, a despertar, envainado de gestos

hacia la angustia y la carroña, hacia el infante que nunca será libre;

oh mi amor perdido, arrojado de un buen hogar;

la semilla que rápida se asoma al borde de la tumba

tiene una casa y una voz, y aquí y allí debes recostarte y llorar.

"Descansa ahora sin elección posible en la semilla destinada al polvo
junto al pecho henchido de mares.

No hay regreso por las aguas de las calles gordas ni por los flacos caminos de los [huesos.

La tumba y mi calmo cuerpo están cerrados como una piedra a tu regreso
y el sufrimiento abre el principio sin fin de los prodigios."


VEINTICUATRO AÑOS

Veinticuatro años rememoran las lágrimas de mis ojos.
(Enterrad a los muertos para que no marchen
penosamente hacia la tumba.)

En el dique de la puerta natural me acurruqué como un sastre
que cosiera la mortaja para una travesía
bajo la luz del sol devorador de carne.
Vestido para morir comencé el contoneo sensual
las venas rojas llenas de dinero,
en dirección final a la ciudad rudimentaria
avanzo mientras dure lo que existe para siempre.


LA CONVERSACIÓN DE LOS REZOS

La conversación de los rezos que está por pronunciar
el niño que se acuesta y el hombre en la escalera
que trepa al cuarto alto donde muere su amante,
sin que al niño le importe a quien verá en sus sueños
mientras el hombre llora, temiendo hallarla muerta,

se enciende entre las sombras el sonido que se habrá de elevar,
ellos lo saben, hacia los cielos que responden desde los
suelos verdes

desde el niño en su cama y el hombre en la escalera.
Ese sonido a punto de decirse en las dos oraciones
por el sueño en una tierra a salvo y el amor que agoniza

serán la misma pena que se eleva. ¿A quién aliviarán?
¿Dormirá el niño ileso o ha de llorar el hombre?
La conversación de los rezos a punto de decirse
cambia a los vivos y a los muertos y el hombre en la escalera
no encontrará esta noche a su amor agonizando en el cuarto de
arriba

sino viva y caliente gracias al fuego de su cuidado.
Y el niño, sin cuidar a quien llega su oración,
se ahogará en una pena tan honda como su tumba cierta,
y advertirá esa onda de sombríos ojos, a través de los ojos del
sueño,
que lo arrastra hacia arriba, hacia alguien que ha muerto.


NEGATIVA A LAMENTAR LA MUERTE POR FUEGO DE UNA NIÑA EN LONDRES

Jamás hasta que la humanidad hacedora

de la bestia, el pájaro y la flor,

del procrear y toda la oscuridad humillante,

diga con el silencio la última luz rompiente

y la hora tranquila

haya venido desde el mar brincando en su montura,

y yo deba penetrar de nuevo

en el redondo Zion de la burbuja de agua

y en la sinagoga de la espiga

dejaré que la sombra de un sonido rece

o sembraré mi simiente de sal

en un mínimo valle de cilicio, por lamentar

la majestad y el arder de esta muerte de niña.

No asesinaré

la humanidad de su partida con una verdad grave

ni blasfemaré por las estaciones del aliento

con alguna tardía

elegía de inocencia y juventud.

Honda, con los primeros muertos yace la hija de Londres

ataviada por los amigos perdurables

los granos sin edad, las venas oscuras de su madre,

secreta junto al agua sin quejas

del Támesis jinete.

Tras la primera muerte ya no hay otra.


POEMA DE OCTUBRE

Cumplía treinta años, mi aniversario despertó hacia el cielo

cuando oí cómo hacía señales la mañana

con la oración del agua y el grito de cornejas y gaviotas

y el roce de las barcas en el muro trenzado por las redes

desde el puerto y los bosques vecinos

y los mejillones en sus charcas y la playa con garzas clericales

para que en un segundo me pusiera de pie

y echara a andar en el pueblo todavía dormido.

Mi cumpleaños empezó con los pájaros acuáticos
y con pájaros de árboles alados que volaban mi nombre
sobre las granjas y los blancos caballos
y yo me levanté en el lluvioso otoño
y eché a andar en el chaparrón de todos mis días,
Era en la pleamar y las garzas buceaban cuando tomé el camino
fronterizo

y aun estaban cerrados los portales del pueblo
mientras el pueblo se iba despertando.

Toda una primavera de alondras en una nube rodante

y las matas a orillas del camino desbordaban de mirlos silbadores

y el sol de octubre a la manera del verano

sobre el hombro del cerro

fueron climas amigos y hubo dulces cantores

que llegaron de pronto en aquella mañana por la que yo vagaba

y escuchaba cómo se escurría la lluvia;

frío, el viento soplaba

en el bosque, muy lejos, a mis pies.

Pálida lluvia sobre el puerto encogido

sobre la iglesia mojada por el mar, tan pequeña

que semejaba un caracol con sus cuernos a través de la niebla

y del castillo pardo como los búhos;

pero todos los jardines de primavera y de verano

florecían en los cuentos fantásticos

detrás de la frontera y abajo de la nube invadida de alondras.

Allí podía yo maravillarme

mi cumpleaños se iba yendo pero el tiempo giraba alrededor.

Girando me apartaba del país jubiloso

bajaba por el aire cambiado y por el cielo alterado de azul

fluía de nuevo una maravilla de verano

con manzanas y peras y grosellas rojas:

y vi tan claro en el rodar del tiempo

aquellas olvidadas mañanas cuando un niño paseaba con su madre

por entre las parábolas del sol
y las leyendas de las verdes capillas

y por los campos de la infancia ya dos veces contados
porque sus lágrimas quemaron mis mejillas y su corazón se conmovió en el mío.

Estos eran los bosques y era el río y el mar
allí donde un muchacho
en el verano atento de los muertos
murmuraba la verdad de su gozo
a los árboles, las piedras y el pez en la marea.
Y el misterio cantó vivo
en el agua y en el gorjeo de los pájaros.

Y allí podía yo maravillarme

mientras mi cumpleaños se alejaba aunque el clima diera vuelta en redondo

y el gozo verdadero del niño muerto hace tanto tiempo
cantaba ardiendo bajo el sol.
Cumplía treinta años hacia el cielo y en el mediodía del verano

aunque la villa al fondo se cubriera de hojas por la sangre de octubre

oh que en este alto cerro
a la vuelta de un año
la verdad de mi corazón se cante todavía.


ESTE LADO DE LA VERDAD

(para Llewellyn)

De este lado de la verdad,

quizá tú no veas, hijo mío,

rey de tus ojos azules

en el país cegador de la juventud,

que todo está por hacerse

bajo los cielos indiferentes

de inocencia y de culpa

antes que intentes sólo un gesto

con la cabeza o el corazón,

todo se ha unido y disgregado

en la ventosa oscuridad

como el polvo de los muertos.

Lo bueno y lo malo, dos maneras

de andar entre tu muerte

por este mar triturador,

rey de tu corazón en los días ciegos,

vuelan como el aliento,

van llorando a través de ti y de mí

y de las almas de todos los hombres

hacia la inocente oscuridad

y la culpable oscuridad

y la buena muerte y la mala muerte

y por fin en el último elemento

vuelan como la sangre de los astros,

como las lágrimas del sol,

como la semilla de la luna,

basura y fuego, en el bullicio volador

del cielo, rey de tus seis años.

Y el deseo perverso

bajo el origen de las plantas,

los animales y los pájaros,

del agua y de la luz, de la tierra y el cielo,
desaparece antes de que te muevas,
y todos tus actos, todas tus palabras,
cada verdad, cada mentira
mueren en un amor que no juzga.


A OTROS QUE A TI

Amigo, enemigo te grito.

Tú con la mala moneda en tu bolso,

tú, mi amigo, con aire triunfador

que palmeabas la mentira en mí, cuando atrevido mirabas

dentro de mi más tímido secreto,

tentado con guiñadas brevísimas del ojo

hasta que el diente dulce de mi amor mordiera en seco,

limado al fin y tambaleando succioné,

a quien ahora ruego que se detenga como un ladrón

en la memoria labrada por espejos,

con un acto sonriente sin olvido posible,

rapidez de la mano en el guante de seda

y bajo tu martillo todo mi corazón,

fuiste una vez aquella criatura tan alegre, tan franca

íntimo amigo que nada me pedía

que no creí jamás defraudar ni creer

mientras desplazabas una verdad en el aire.

que aún cuando los amé por sus defectos
tanto como por sus virtudes
mis amigos fueron enemigos con zancos
que hundían sus cabezas en una nube artera.


AMOR EN EL HOSPICIO

Una extraña ha venido

a compartir mi cuarto en esta casa que anda mal de la cabeza,
una muchacha loca como los pájaros

traba la puerta de la noche con sus brazos, sus plumas.

Ceñida en la revuelta cama
alucina con nubes penetrantes esta casa a prueba de cielos

hasta alucina con sus pasos este cuarto de pesadilla.

libre como los muertos
o cabalga los océanos imaginarios del pabellón de hombres.

Ha llegado posesa

la que admite la alucinante luz a través del muro saltarín,
posesa por los cielos

ella duerme en el canal estrecho, hasta camina el polvo

hasta desvaría a gusto
sobre las mesas del manicomio adelgazadas por mis lágrimas.

Y tomado por la luz de sus brazos, al fin, mi Dios, al fin

puedo yo de verdad
soportar la primera visión que incendia las estrellas.


POR DESGRACIA UNA MUERTE

Con el fénix bajo la pira

por desgracia esperando una muerte

que aún me alivie de mis pecados y mis días,

y aguardando a la mujer en sombras

santa cincelada y sensual entre los muertos que se escapan.

los desaparecidos, me dedico para siempre a mí mismo

aunque el tumulto del beso no haya sucedido

sobre la boca de fría arcilla

sobre la frente sellada por el fuego,

que podía atarle eternamente,

ni los vientos del amor se hayan roto y disperso

hacia el viento, hacia el coro y los claustros

del convento invernal de la orden de la lujuria

bajo mi vida que suspira por la llegada de la seductora

en los golpes solares del verano,

sigue mi cuerpo amando la culpa azotada por el mar
mi cuerpo afortunado bendito

bajo la nube en contra del amor es capturado en el mar y ceñido y besado

en el remolino del corazón del día que desciende,

la oscuridad, nuestra locura,

cercenada hacia la estrella quieta en la orden de los vivientes

pero bendita por huestes tan heroicas

en cada palmo de ti y en cada mirada, que la herida

es una especie de dios y se celebra allí la ceremonia de las almas

y la comunión entre los soles.

Nunca mi propio ser ha de cantar

acerca de los santos en las sombras

mientras el breviario interminable

trastorna tu carne tan rezada

ni debajo de mí he de ahuyentar al pájaro:

la muerte que ata a dos se acuesta solitaria.

Veo a la fiera llorosa

en la andrógina oscuridad

su tribu desvestida y orlada de crines marcha hacia el holocausto,

las mulas hembras cargan sus minotauros,

la cría de los ornitorrincos en una leche de pájaros.

Veo a la monja magra y santa, cincelada en un traje de sombras,

símbolo del deseo más allá de mis horas y mis culpas

gran cruz y continencia de gigante.

Veo al fénix desfogado, heraldo y vocero del cielo

súbita flecha de la ambición y la renuncia de las islas.

Todo amor es monstruoso o inmortal

salvo para la plena congregación en flor de la carne viviente

y la tumba, sus hijas.

El amor, mi destino lo supo por fortuna,
enseña sin palabras
que el saludo del fénix hacia el cielo
y el deseo después de la muerte en el convento cincelado
habrán de fracasar si no me inclino ante tu bendición,
ni camino en el frío de tu jardín mortal
con la inmortalidad a mi costado como Cristo en el cielo.
Sé todo esto por la lengua materna que traducen tus ojos.
Las jóvenes estrellas me contaron el lanzamiento en el principio como Cristo de [niño.

Afortunadamente ella debe yacer pacientemente
y el pájaro lanzado permanecer inmóvil.
Oh mi sincero amor, sostenme,

en cada palmo y cada mirada tuya ha girado el globo de la génesis y la tierra viviente, tus hijos.


EL JOROBADO EN EL PARQUE

El jorobado en el parque

solitario señor

apuntalado entre los árboles y el agua

desde que el candado del jardín se abre

para que entren los árboles y el agua

hasta la lóbrega campana dominguera en el crepúsculo,

come el pan que ha traído en un diario

bebe el agua del jarro encadenado

que los niños llenaron de pedruscos

en el estanque donde hice navegar mi barco,

por la noche durmió en una perrera

pero sin que nadie le pusiera cadenas.

Como los pájaros del parque ha venido temprano

se sentó como el agua

y señor lo llamaban eh señor

los chiquillos bribones del lugar

que escapaban apenas los oía

hasta alejarse de su vista

más allá del lago y los rosales

riéndose cuando el otro agitaba su diario

encorvado en la burla

pasaban por el zoológico sonoro de la arboleda de los sauces

esquivando al cuidador del parque

con su palo de juntar las hojas.

Y el viejo perro aletargado

solitario entre las niñeras y los cisnes

mientras desde los sauces los chiquillos

hacían que los tigres saltaran de sus ojos
para rugir entre las piedras rocosas
y los bosques se azulaban de marineros

trabajó el día entero hasta la hora de cerrar

en una figura de mujer sin fallas

erguida como un joven olmo

alta y erguida surgió de sus huesos torcidos

para que de noche se pusiese de pie

tras los cerrojos y las cadenas

Toda la noche en el parque deshecho
tras los arbustos y las rejas
los pájaros el pasto los árboles el lago
y los niños inocentes como fresas
habían ido en pos del jorobado
hasta su perrera en las sombras.


DENTRO DE SU CABEZA YACENTE

Dentro de su cabeza yacente
los enemigos de él entraron en el lecho

bajo el pesado párpado

por el tambor rizado de la oreja enterrada en el pelo;
Y la áspera paloma de Noé despertada de pronto
trajo volando la gestación humana.
Anoche en una ola violadora
ballenas desatadas desde la tumba verde
en fuentes del origen a su amor renunciaron;

por la inocencia de ella

Juan resbaló encendido y el joven rey Lear salvajemente,
la reina Catalina aulló desnuda,
se ahogó Sansón entre su propio pelo,
las colosales intimidades de extraños silenciosos

vistos alguna vez o las sombras en la escalera;
allí la oscura espada y la lascivia la echaron suspirando
a un camastro de heno, y las guadañas de sus brazos
rodaron y silbaron cien veces
antes de que trepara la mañana ostentosa;
el hombre era la ardiente Inglaterra por la que ella caminaba
sonámbula y la isla [hechizante
cegó sus miembros con ensalmos de luz,
el sueño, a otro sueño flamante en una hoja nervada acarició
y cantó
y su inocente amado fugitivo se recostó en la arena pedregosa.

II

Allí donde una lengua innumerable
hirió su cuarto con un viril lamento

su fidelidad voló deshecha en torno de ella
y la oscuridad colgó de las paredes canastas de serpientes,
un super-hombre o casi un hombre con narinas semejantes a
hornallas

y miembros cual columnas

para sus atontados sentidos, semejante
al ladrón de la adolescencia,
temprana imaginariamente a medias recordado

el oceánico amante solitario

cuyos celos no puede ella olvidar por nada de este mundo,
hizo su lecho malo en la buena noche de ella
y la gozó tanto como quiso.

Gritando en su blanco camisón en medio de escenarios a la luz de la luna

hacia la alineada marea que escuchaba,
lejos y cerca, ella anunció el pillaje del corazón,
en el cuerpo tomado a distintas edades,
novia rota y violada
que celebraba a su costado
todos esos asaltos marcados por la sangre y aquellas bodas
desvaídas

en las que él jamás tuvo una parte agradable
ni pudo compartir para su orgullo hasta el susurro último
y el último aleteo del solemne sacerdote nocturno,
sus horas, santas y prófanas con la bestia eternamente
anónima.

III

Dos granos de arena juntos en el lecho,
la cabeza a la cresta que circunda el cielo,

yacen por separado con toda la ancha orilla,
con el mar que cubre la caída de su noche sin nombres;
y desde cada valva techada y cimentada

con una sola voz encadenada grita
mortífera, la hembra y el macho
la traición lasciva

va disolviendo en oro bajo el velo del agua.
Un ave hembra duerme acurrucada
junto a las alas del amante que prepara su vuelo de mañana,

dentro de la rama y sus nidos
ella le canta al halcón que pasa,
carroña, paraíso es el trino de mi yema brillante.
Una espada de hierba suspira en la pradera
una piedra yace perdida y presa en la colina alta de alondras.
Abierta como al aire y a la sombra desnuda

oh es ella la que yace solitaria e inmóvil,
una inocente entre dos guerras,
con su hermano incestuoso y secreto en los segundos que
perpetúan las estrellas

un hombre desgarrado se conduele en la noche solitaria.
Y los que llegan luego, los más crueles, los enemigos desde las
hondas y olvidadas [tinieblas,

dentro del infiel sueño de ella aquietan sus latidos y entierran a sus muertos.


NO ENTRES DÓCILMENTE EN ESA NOCHE QUIETA

No entres dócilmente en esa noche quieta.

La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día;

Rabia, rabia, contra la agonía de la luz.

Aunque los sabios al morir entiendan que la tiniebla es justa,
porque sus palabras no ensartaron relámpagos
no entran dócilmente en esa noche quieta.

Los buenos, que tras la última inquietud lloran por ese brillo
con que sus actos frágiles pudieron danzar en una bahía verde
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Los locos que atraparon y cantaron al sol en su carrera
y aprenden, ya muy tarde, que llenaron de pena su camino
no entran dócilmente en esa noche quieta.

Los solemnes, cercanos a la muerte, que ven con mirada deslumbrante

cuánto los ojos ciegos pudieron alegrarse y arder como meteoros
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Y tú mi padre, allí, en tu triste apogeo

maldice, bendice, que yo ahora imploro con la vehemencia de tus lágrimas.

No entres dócilmente en esa noche quieta.
Rabia, rabia contra la agonía de la luz.


MUERTES Y ENTRADAS

Casi sobre la víspera incendiaria

de varias muertes próximas,
cuando alguien ante los despojos de tu ser más amado

y desde siempre conocido, tengan que abandonar
los leones y fuegos de su aliento volátil,

quién entre tus amigos inmortales
elevaría los órganos del escrutado polvo

para lanzar y cantar tu alabanza,
el que más hondo la invocara poseerá su paz

que no puede hundirse o acabar

sin fin ante su herida
en los muchos destructores pesares conyugales de Londres.

Casi sobre la víspera incendiaria

cuando ante tus labios y tus llaves se abran
se cierren, se entrelacen los extraños asesinados,

alguien el más desconocido,
tu vecino como estrella polar, sol de distinta calle,

se ha de echar en sus lágrimas,
ha de bañar su lluviosa sangre en el mar viril

que por tu propio muerto se erizará
y arrollará su globo fuera de tu hebra de agua

y con todos los llantos

llenará las gargantas de las valvas
ya que la luz relampagueó primero en sus tonantes ojos.

Casi sobre la víspera incendiaria

de muertes y de entradas,
cuando cercano y extrañamente herido en las olas de Londres

hayas buscado tu solitaria tumba,
un enemigo entre muchos, que bien sabe

cómo es tu corazón de luminoso

en la tiniebla vigilada temblando entre cuevas, cadenas y cerrojos

tirará de los rayos
para cerrar el sol, se hundirá, trepará por tus llaves sombrías

y agostará a los puntuales jinetes

hasta que aquel despojo amado
asome como el último Sansón de tu zodíaco.


CUENTO DE INVIERNO

Es un cuento de invierno

que el anochecer ciego de nieve transporta sobre los lagos
y los campos flotantes de la granja en la copa de los valles,
sobre el pálido aliento del rebaño en la vela furtiva,
que resbala apacible entre los copos plegados con la mano

y sobre las estrellas que se entregan al frío,
y el olor del heno entre la nieve y el remoto búho
que da consejos entre los rebaños y el helado refugio
unido con el humo blanco-oveja de la granja encapuchada
en los valles cruzados por los ríos donde se dijo el cuento.

Una vez mientras el mundo envejecía
sobre una estrella de fe pura como el pan a la deriva,
como el alimento y las llamas de la nieve,

un hombre desplegó los rollos de fuego que ardían en su corazón y en su cabeza,
atormentado y solo en una granja, en un rincón del campo.

Y así se abrasó entonces,
en su isla encendida anillada por la alada nieve
y en los estercoleros blancos como lana
y entre los palos del gallinero que se duermen helados
hasta que la aurora peina los patios embozados y los hombres
del día

marchan con sus azadas, tropezando,

y se desperezan los rebaños, y tímido el gato ratonero se asoma
y los pájaros erizados saltan a cazar y las lecheras dulces
arrastran sus zuecos sobre el cielo caído
y toda la granja despierta a sus blancos quehaceres.

él se arrodilló, lloró, rezó,

junto al asador y la negra tetera en el brillante resplandor del leño

la taza y el pan cortado en la sombra danzante,
en la casa enfundada, al correr de la noche;
al filo del amor medroso y traicionado.

Se arrodilló sobre las piedras frías,
lloró desde la cresta del dolor, rezó al cielo velado
para que el hambre se marchara aullando
sobre los blancos y desnudos huesos

más allá en las estatuas del establo y las pocilgas techadas por el cielo

y el vidrio en la laguna de los patos y los cegadores corrales solitarios

penetró en el hogar de los rezos y el fuego
donde hubo de merodear por la nube de su amor
cegado por la nieve y abalanzarse a las guaridas blancas.
Su desnuda pobreza lo golpeaba y él se encogía aullando
aunque ningún sonido bajaba desde el aire plegado,

sino apenas el viento que ensartaba

el hambre de los pájaros en los campos del pan, del agua,
agitados en los altos maizales y en la cosecha derretida en sus
lenguas.

Y su pobreza sin nombre lo ligaba y él ardía extraviado
cuando frío como la nieve tenía que correr entre valles cruzados

por los ríos murmurando de noche
y ahogarse en el alud de su pobreza, y
tenderse enroscado, atrapado

en el centro de la blanca cuna deseada eternamente

y en el lecho nupcial buscado para siempre

por el creyente perdido y el proscripto arrojado de la luz.

Entregadle, gritaba,

perdiéndolo del todo en el amor, y arrojad su pobreza
sola y desnuda en la envolvente novia,

para que nunca germine, en los campos de la blanca semilla
ni florezca a horcajadas en la carne que muere.

Escucha. Los trovadores cantan
en los pueblos difuntos. El ruiseñor,

polvo en los bosques enterrados, vuela sobre la grana de sus alas
y descifra su cuento de invierno sobre los vientos de los muertos.
La voz del polvo acuático sobre la fuente seca

está hablando. La apagada corriente
salta con cencerros y balidos de agua. El rocío repica
sobre las hojas trituradas y en la parroquia de la nieve
de reflejos hace mucho extinguidos. Las bocas cavadas en la piedra

son cuerdas barridas por el viento.
El tiempo canta a través de los muertos copos intrincados. Escucha.

Era un son o una mano

lo que abrió de par en par la puerta oscura en tierras de hace mucho

y afuera sobre el pan de los suelos

un pájaro hembra se alzó radiante como una novia en llamas
un pájaro hembra amaneció y se emplumó su pecho de nieve y
escarlata.

Mira. Y los bailarines se deslizan
sobre los muertos, la nieve se ha tupido de verde, disoluta
a la luz de la luna

como una polvareda de palomas. Los caballos de pesados cascos,
centauros muertos, se vuelven jubilosos y trotan sobre los blancos
parques [empapados
en las granjas de pájaros. El roble muerto echa a andar por amor.

Los miembros tallados en la roca

saltan como ante una trompeta. Danza la caligrafía de las viejas hojas.

Las líneas de la edad sobre las piedras se enlazan en rebaño,
y la voz con figura de arpa del polvo de lagunas se arranca en un
pliegue del campo
Por amor, se alza el pájaro hembra de hace mucho. Mira.

Y las alas salvajes se elevaron
sobre su cabeza replegada, y la suave voz de pluma
volaba por la casa como si el pájaro entonara alabanzas
y todos los elementos de la lenta caída se llenaron de gozo,
porque un hombre solitario se arrodilló en la copa de los valles

en la chimenea y en la calma

junto al asador y la olla negra va la brillante luz del leño
y el cielo de los pájaros en la voz emplumada lo alzaba hasta su
hechizo

y él corría como el viento tras el vuelo incendiado
más allá de los graneros ciegos y los corrales de la granja apacible.

En los polos del año

cuando los mirlos morían como sacerdotes en setos embozados
y sobre el paño de los condados se acercaban las colinas lejanas,
bajo los árboles de una sola hoja corría un espantapájaros de
nieve
rápido por los aludes de las espesuras astadas como ciervos,

andrajos y oraciones hacia abajo
en las lomas, hondas como rodillas, turbulento en los lagos
ateridos,

toda la noche perdido y vadeando largo tiempo en el despertar
del pájaro hembra a través de los tiempos, las tierras y las
tribus de los lentos [copos.
Escucha y mira donde navega en el mar embravecido,

el cielo, el pájaro, la novia
la nube, la pobreza, las estrellas plantadas, el gozo
más allá de los campos de siembra y el tiempo a horcajadas de la
carne que muere,

y los cielos, el cielo, la tumba, la pila del bautismo.
En la tierra lejana la puerta de su muerte se abrió de par en par

y el pájaro descendió

sobre una colina blanca como el pan, sobre la granja como un cáliz

y en los lagos y los campos flotantes y los valles cruzados por los ríos

donde él rezaba para llegar al fin del daño
y a la casa de los rezos y el fuego, ya terminado el cuento.

La danza se extingue

en la blancura que ya no reverdece, y, muerto el trovador,
irrumpe el canto en las villas de deseos calzados por la nieve
que una vez recortara las figuras de pájaros en el espeso pan
y patinaron sobre lagos de vidrio las siluetas de peces voladores.

Se ha cercenado el rito

del ruiseñor y el centauro muerto. Las fuentes vuelven a secarse
las líneas de la edad se duermen en las piedras hasta el trompeteo
de la aurora

el júbilo se abate, el tiempo entierra el clima de la primavera
que tañía y brincaba con el fósil y el rocío renacido.

Porque el pájaro hembra se acostaba
en un coro de alas como dormido o muerto
y las alas se abrieron y él se sintió loado y desposado
a través de los muslos de esa novia envolvente
la mujer con sus pechos y el pájaro con cabeza al cielo.

Fue derribado

mientras ardía en el lecho del amor
en el remolino del desnudo centro,

en los pliegues del paraíso, en el brote nevado del mundo
Y ella se elevó con él y floreció en su nieve derretida.


EN EL ANIVERSARIO DE UNA BODA

Se rasga el cielo que atraviesa

este harapiento aniversario

de dos que al unísono recorrieron tres años

los amargos caminos de sus juramentos.

Ahora su amor miente una pérdida

y el Amor y sus enfermos rugen encadenados;

desde cada nube cierta

o con forma de cráter

la muerte golpea su casa.

Demasiado tarde en la lluvia equivocada
se unen aquellos a quienes separó su amor:
las ventanas diluvian en su corazón
y las puertas arden en su mente.


UNA VEZ HUBO UN SALVADOR

Una vez hubo un salvador

más precioso que el radium
más simple que las aguas, más cruel que la verdad;

reunidos por su hablar

los niños se alejaban del sol
para oír la nota de oro dar vueltas en un surco
los prisioneros de sus deseos encerraban los ojos
en las cárceles y el indagar de su sonrisa sin llave.

Desde un erial perdido

voces de niños cuentan
que una calma se hacía en su inquietud segura,

cuando el hombre opositor hería

al hombre, el animal, o al pájaro
ocultamos el miedo en ese aliento asesino,
silencio, silencio que guardar cuando la tierra se volvió
ruidosa
en las cuevas y asilos del tremendo alarido.

Se dejó oír la gloria

en las iglesias de sus lágrimas,
suspirabas cada vez que su brazo velludo te golpeaba,

oh tú que no pudiste llorar

sobre la tierra cuando un hombre moría
derramaste una lágrima de gozo en el diluvio sobrenatural
y apoyaste la mejilla en una caracola con figura de nube.
Ahora estamos solos tú y yo en la oscuridad.

Dos ennegrecidos hermanos orgullosos
encerrados en el invierno lado a lado

le gritan a este inhóspito año hueco.

Oh nosotros que ni esbozar logramos

un pálido suspiro cuando oímos
golpear a la codicia en nuestro prójimo y quemar al vecino

pero acurrucados y lastimeros en el muro celeste
ahora soltamos una lágrima enorme por la caída pequeña que
supimos,

por los hogares derribados

que no alimentan nuestros huesos,

ni las muertes valientes de unos pocos que jamás hallamos,
mira ahora solitario en nosotros,
cómo nuestro genuino polvo de extranjeros
cabalga por las puertas de nuestra casa inexplorada.

Exiliados en nuestro propio ser levantamos

desatado, sin brazos, el amor sedoso y áspero que deshace todas las rocas.


EN LAS BODAS DE UNA VIRGEN

Al despertar, sola en una multitud de amores, cuando la luz de la mañana

sorprendía en sus ojos largos como la noche
el dorado ayer de él, dormido sobre el iris
y el sol de este día saltaba al cielo desde sus muslos
la milagrosa virginidad era tan vieja como los peces y los panes,
aunque el momento del milagro sea un relámpago sin fin
y los astilleros de las pisadas de Galilea escondan una flota
de palomas.

Las vibraciones del sol ya no desearán

su almohada profunda como el mar donde una vez, a solas celebrara su boda.

su corazón todo ojos y oídos, los labios que atajaban la avalancha
del fantasma dorado que cercaba de arroyos su hueso mercurial,
el que bajo los aleros de sus ventanas alzó su dorado equipaje
porque un hombre duerme donde el fuego cayó y ella aprende
a través de su brazo
ese otro sol, ese correr celoso de la sangre que no tiene rivales.


EN MI OFICIO O ARTE SOMBRÍO

En mi oficio o arte sombrío

ejercido en la noche silenciosa

cuando sólo la luna se enfurece

y los amantes yacen en el lecho

con todas sus tristezas en los brazos,

junto a la luz que canta yo trabajo

no por ambición ni por el pan

ni por ostentación ni por el tráfico de encantos

en escenarios de marfil,

sino por ese mínimo salario

de sus más escondidos corazones.

No para el hombre altivo

que se aparta de la luna colérica

escribo yo estas páginas de efímeras espumas,

ni para los muertos encumbrados

entre sus salmos y ruiseñores,

sino para los amantes, para sus brazos

que rodean las penas de los siglos,

que no pagan con salarios ni elogios

y no hacen caso alguno de mi oficio o mi arte.


CEREMONIA DESPUÉS DE UN BOMBARDEO

I

Los seres que soy

los pesarosos

penad

entre calles quemadas por la muerte incansable

por el niño nacido hace unas horas

con la boca aplastada

carbonizada sobre el pecho negruzco de la tumba

el pezón de la madre y sus brazos cruzados por los fuegos.

Comenzamos

cantando

cantad

la oscuridad replegó su incendio hacia el comienzo

cuando la lengua presa asintió enceguecida.

Un astro se rompió

en los siglos del niño

los seres que ahora soy penamos y los milagros nada expían.

Perdonad
nos perdonad

nos vuestra muerte que los seres que soy los creyentes
tal vez la sostengamos en un diluvio inmenso
hasta que brote sangre,
y el polvo cante como un pájaro

mientras se expanden las semillas y vuestra muerte crece por nuestro corazón.

Llorando

vuestra muerte

llorad,

niño tras el canto del gallo, junto a la calle con enanos de fuego

cantamos al mar que huye

en el cuerpo saqueado.

La última luz hablada es el amor.

Oh semilla de hijos en el lomo de la cáscara negra abandonada.

II

No sé si Adán o Eva

o el toro sagrado en su atavío

o las blancas corderas

o la elegida virgen

tendida en su nieve

sobre el altar de Londres,

murió antes que los otros

en la ceniza de la breve calavera,

oh novia y novio

oh Adán y Eva unidos

que en calma yacen

bajo el pecho triste de la losa

blanca como los huesos

del jardín del Edén.

Yo sé que la leyenda

de Adán y Eva nunca es para un segundo

silencioso en mi oficio

sobre los niños muertos

sobre el único niño

que fue a la vez el sacerdote y los sirvientes,

la lengua, la palabra y los cantores

en la ceniza de la breve calavera,

que fue el anochecer de la serpiente

y el fruto como un sol,

el hombre y la mujer sin hacer todavía,

el comienzo que hacia la oscuridad se desmorona

desnudo como los viveros

del jardín del desierto.

III

Dentro de las torres y los órganos

de las catedrales luminosas,

dentro de las bocas de las veletas desleídas

ondulando en los círculos por donde pasan doce vientos,

en el muerto reloj quemador de la hora

sobre la urna de los sabáticos

sobre la zanja rodante del alba

sobre la choza del sol y los andurriales del fuego

y los dorados pavimentos tendidos en los réquiems,

dentro del pan en un sembrado de llamas

dentro del vino abrasador como aguardiente.

Las misas del mar

las misas del mar bajo

las misas del mar que engendra niños

irrumpen como una fuente y entran a colmar para siempre

gloria gloria gloria

el reino final y destructor del trueno de la génesis.


ÉRASE OTRA VEZ

I

Érase otra vez,

cuando mi traje módico

cortado a la medida de la pizca de carne,

pinchado alrededor del espíritu

en el principio de cada sufrimiento,

mis pantalones rotos y mi saco empollado de amor

por los que había pagado y luchado demasiado tarde

sobre los bordes del pozo de cenizas,

en las grutas, trabajé con los pájaros,

enclavado en un collar de alano,

adornado con borlas en un sótano y en la tienda de saldos

o sobre un traga-nubes ataviado.

Luego, veloz con mis botas de corcho desde un mar restallante

fuera de la vista de los marinos,

en ropas ordinarias de arcilla disfrazada de escamas,

como un dios macho, que chapoteara la pollera del agua,

confundí a los sastres sentados,

a los sastres con cara de reloj hice retroceder;

entonces, tupido y ostentoso con pelucas y colas de zorros

saltando con ardor, lleno de hojas y plumas

desde el pie de canguro de la tierra,

desde su centro frío, silencioso

arrastrando la ropa mordida por el hielo

hacia las costas gordinflonas de Gales

como un cohete me lancé a sorprender

a la roca como aguja brillante de los usurpadores,

los que proclaman el Escándalo y la Banalidad

los que hilvanan pamplinas.

II

Mi tonto traje apenas padeció,

fluctuaba yo alrededor de un ataúd

que llevaba un hombre pájaro o algún espectro conversado.

Y la capucha del búho, la que esconde los pasos

arranca el pliegue y el agujero para la cabeza putrefacta

y engañada. Yo creí, mi hacedor,

que la nube sostenía al maestro de los sastres

con nervios en lugar de algodón.

Sobre los viejos mares de los cuentos, sacudiendo mis alas,

encrespando las olas con antenas, Colón en llamas

yo fui horadado por los ojos del sastre ídolo,

relumbrantes por la máscara de tiburón y la cabeza navegante,

el pico frío de Nansen sobre un bote colmado por sonidos de gong,

ante el muchacho de hilo común,

el brillante simulador, el ridículo petimetre del mar

con la carne reseca y la tierra por lecho y atavío.

Era dulce ahogarse en las próximas aguas, listas para vestir

con mi gorra de cerezas colgando, verde como las algas

convocando alguna voz de niño de la piedra palmípeda,

nunca, nunca, oh, nunca he de lamentar la corneta que usaba

en mi brazo tajante mientras estallaba en una ola.

Ahora, mientras me muestro casi desnudo, me tendería

me tendería, me tendería a vivir

callado como un hueso.


CUANDO DESPERTÉ

Cuando desperté, la ciudad habló.

Se alborotaron, los relojes, los campanarios y los pájaros

junto a la retorcida muchedumbre,

el reptil corrompe en una llama,

a los intrusos y ladrones del sueño,

el mar vecino dispersó a las ranas

a los demonios a la dama-suerte

mientras un hombre afuera

hasta la cabeza, en su propia sangre,

arrancaba a navajazos la mañana,

el doble del tiempo con sus cálidas venas

y la barba florida, que aparece en un libro

acuchillaba la última serpiente

como a una vara o una rama tenue

su lengua deshollada en la piel de una hoja.

Luego de un paseo color agua, cada día

hago en el lecho a dios, el bien y el mal,

el fósil que vacila de muerte y dispersa su aliento

y una lluvia de gorriones

en la tierra de todos.

Donde los pájaros andan como hojas y los botes como patos

oí esta mañana despertar una voz

una voz en el enhiesto aire,

ninguno de mis proféticos linajes

me anunció a gritos que mi ciudad marina se quebraba.

No existe el Tiempo, hablaron los relojes,

ni Dios, tañeron las campanas,

la blanca sábana tiré sobre las islas

y las monedas de mis párpados cantaron como caracolas.


ENTRE LOS MUERTOS EN EL ATAQUE AL ALBA HABÍA UN HOMBRE DE CIEN AÑOS

Cuando sobre la guerra despertaba la mañana,
él se vistió y salió y murió,

su pelo bostezó liberado, disperso por un golpe de viento,
cayó en el lugar que amaba sobre la piedra volada de la calle,
y sobre los granos fúnebres del suelo asesinado.
A su calle de espaldas, decidle que él detuvo un sol
y que los cráteres de sus ojos dispararon balazos y fuego
cuando todas las llaves se lanzaron desde las cerraduras y se
pusieron a tañer.

No escarbéis más en las cadenas de su canoso corazón.
La ambulancia del cielo arrastrada por una congregación de
heridas

espera el anillo de la espada en la jaula.
Oh apartad sus huesos de ese carro común,
está volando la mañana sobre las alas de su edad
y hay cien cigüeñas que se posan sobre la mano derecha del sol.


YACE TRANQUILO, DUERME EN PAZ

Yace tranquilo, duerme en paz, tú que sufres

la herida que arde y se agita en tu garganta.

A flote sobre el mar silencioso la noche entera hemos oído

el rumor de la herida envuelta en una sábana de sal.

Bajo la luna, tantas millas lejana, hemos temblado al escuchar
el sonido del mar flotando como la sangre de la sonora herida
y cuando la sábana salobre rompió en una tormenta de canciones
las voces de todos los ahogados nadaron sobre el viento.

Abre un sendero a través de la lenta vela triste,
arroja lejos hacia el viento los portales del errabundo bote
para empezar el viaje al final de mi herida,
oímos que cantaba el sonido del mar, vimos como hablaba la
sabana salobre.

Yace tranquilo, duerme en paz, oculta la boca en la garganta,
o hemos de obedecer y cabalgar contigo por entre los ahogados.


VISIÓN Y PLEGARIA

I

Quién

eres tú

tú que naces

en el cuarto vecino

tan patente en mi cuarto

que alcanzo a oír el vientre

cuando se abre y la sombra que avanza

tras la pared delgada como un hueso de jilguero

en el cuarto sangrante del nacimiento oculto

para el incendio y el girar del tiempo

la huella del corazón humano

no venera el bautismo

sino la sola sombra

cuando bendice

a la salvaje

criatura.

Yo

d e b o

recostarme

quieto como piedra

contra el delgado muro

para oír el lamento de la madre

oculta y la sombría cabeza del dolor

que tira del mañana cual si fuera una espina

y los cantos que elevan las comadronas del milagro

hasta que el recién nacido tumultuoso

me queme con su nombre y su llama

y la pared alada se desgarre

por su corona abrasadora

y se lance la sombra

desde la espalda

hasta la luz

radiante.

Cuando

él quiebre
el hueso de jilguero
y la primer aurora
con furia de torrente
se eche a bullir sobre el reino que llega
el reino de aquel que deslumbra a los cielos
y de la maternal doncella a quien roció la sangre
la que lo echó a la luz con una llamarada entre su boca
y lo meció después como a una tempestad
he de correr perdido en el terror
y en el brillar del cuarto
alguna vez encapuchado
y en vano lloraré
en el caldero
de su
beso

en

el giro

del sol

en el espumoso

ciclón de sus alas

porque yo me perdí y estoy acá

llorando junto al trono del hombre

que diluvia en la furia primera del torrente

y los relámpagos de la adoración

me vuelven al oscuro silencio líquido y enlutado

porque yo me perdí, yo que ahora he venido

al albergue inaudito

el que descubre

y el mediodía pleno

de su herida

ciega mi

llanto.

Allí

desnudo

agazapado

en el altar

de su pecho encendido

en el fondo sin cárceles del mar

despertaré al llamado babélico del juicio

y ha de trepar la nube por el vaho de la tumba

y el polvo sometido izará con sus llamas

los velámenes de todas las semillas

oh espiral que sube de la urna

rapaz de la mañana

del hombre

cuando

la tierra

y

el

mar nacido

alabaron al sol

Adán el ecuánime

Adán el que descubre

cantó sobre el origen

oh las alas de los niños

el vuelo hacia la herida de los jóvenes

ancianos que llegan de los desfiladeros del olvido

la marcha celestial de los que siempre caen

en la batalla; el acontecimiento

de los santos ante su visión

la casa rodante del mundo

y el dolor entero

abierto fluye

y yo

muero

II

En nombre de los perdidos que se glorian
en las llanuras por la carroña corrompidas

b a j o e l f ú n e b r e c a n t o

de pájaros vencidos

por la presión de los ahogados

y por la verde polvareda

pájaros que al espectro

llegado

desde

la tierra

padecen como el polen

sobre el negro plumaje

y el pico de barro

rezo aunque en verdad no pertenezca

a esa llorosa cofradía

ya que en mí la alegría ha penetrado

hasta la médula más recóndita del corazón

que el que ahora aprende de la leche materna

la luna y el sol pueda regresar antes

de que los labios se incendien y florezcan

al cuarto donde sangra el nacimiento

con muro de hueso de jilguero

y enmudecer

y el vientre

que alumbró

para

los hombres

aquella venerada

luz de la infancia

o la prisión deslumbradora

bostece a su llegada.

En nombre de los perdidos disolutos

en el monte sin bautizar

desde el corazón de la oscuridad yo le rezo

Que él deje descansar a los muertos aunque giman

para que sus espinosas manos los levanten

hasta la reliquia de su herida terrena

y el jardín de la gota de sangre

tolere el sueño de la hostia

ciega como una piedra

en la profunda

y oscura

roca

y no despierte

a corazón alguno

pero rompa su hueso

en la cumbre del monte

sin que el sol lo reclame

y el polvo que golpea se arrastre

a la llanura madre de los ríos

bajo la noche que va cayendo para siempre

la noche que va cayendo para siempre es una estrella

conocida y un país frente a la muchedumbre

de durmientes cuyas lenguas yo pulso

para enlutar su diluviante luz

por los suelos y el mar

y hemos llegado

a saber todos

los lugares

caminos

laberintos

pasajes

comarcas y sepulcros

de la caída sin final

ahora lázaro común

de las plegarias que trazan los durmientes

nunca te despiertes y te eches a andar

porque el país de la muerte es la medida del corazón

Y la estrella de los perdidos es la forma de los ojos

en nombre de los huérfanos

en nombre de los que no han nacido

en nombre de los que rechazan

los instrumentos y las manos

de comadre que mueve la mañana

oh en nombre

de nadie

ahora

y nadie

más tarde

ruego al sol carmesí

que hile una tumba gris

y el color de la arcilla

a su martirio fluya

en la tarde que ha sido interpretada

y en la conocida oscuridad de la tierra Amén

Vuelvo la esquina de la plegaria y ardo

en una bendición del repentino sol

en nombre de los condenados

me volvería o correría

a la escondida tierra

pero el sonoro sol

purifica

el cielo.

Alguien

me encuentra.

Oh dejadlo

que me abrase y me ahogue

dentro de su herida terrena.

Su relámpago contesta mi llanto

mi voz arde en su mano

ahora estoy perdido en Aquel que enceguece.

Y al fin de la plegaria se oye el clamor del sol.


BALADA DEL SEÑUELO DE PIERNAS LARGAS

La proa resbalaba en las aguas y la costa

ennegrecida por los pájaros echó la última mirada

a su pelo revuelto y su ojo azul ballena;

la ciudad transitada agitó sus guijarros para desearle suerte.

Adiós entonces al bote del pescador
con su ancla libre y ágil
como un pájaro que hurga sobre el mar,
alto y seco junto al tope del mástil,

la arena amante murmuraba

con los bastiones del muelle deslumbrado.

Ve a navegar por mí y nunca mires hacia atrás

dijo la tierra vigilante.

Las velas se bebían el viento, y blanco como leche

él se hundió en las ávidas tinieblas;

el sol en el poniente naufragó en una perla

y nadó la luna fuera de su casco.

Chimeneas y mástiles rodando se alejaban.

Adiós al hombre en la cubierta de las piernas marinas,

a la línea dorada que canta en el carrete

al señuelo que acecha con orgullo en la alforja,

porque vimos que hundía en la veloz corriente
a una muchacha viva con los labios traspasados de anzuelos;
todos los peces se alumbraron con estrías de sangre,
dijeron los navíos derruidos,

Adiós a los humeros y las chimeneas,

viejas esposas que hilan en el humo,

el pescador estaba ciego para los ojos de los cirios

en las ventanas orantes de las olas.

Pero oía al señuelo brincar sobre la estela
y forcejear en un banco de amores.
Lanza ahora tu línea que las ballenas
forman colinas sobre todo el mar,

ella suspira entre caballos y ángeles
con el pez arco iris curvado entre sus gozos,
los repiques de las boyas rocosas
flotaban en la hundida catedral

donde el ancla rodó como gaviota

millas arriba del lunático bote

un chubasco de pájaros cayó dando chillidos,

una nube sopló la lluvia desde su garganta;

él vio como humeaba la tormenta

para matar con arcos de vapores y un ariete de hielo,

el fuego en las estrellas, el río en la galaxia;

y nada fulguraba en el rostro del agua

más que el aceite y la burbuja de la luna,
debajo de la espuma, los peces hechizados
se hundían y horadaban su huella
atestiguada por un beso.

Como cabos y Alpes en la estela

estremecían las ballenas ese mar enfermizo y husmeaban hondo,

hondo el gran señuelo espeso de lluviosos labios
resbalaba en las aletas de esas jibosas toneladas

y esquivaba su amor con ondulante zambullida.

¡Oh, Jericó caía en sus pulmones!

y ella buceaba y aferraba la tarja del amor

girando sobre un chorro como una bola de largas piernas.

¡Hasta que cada bestia se apartó rugiendo
hasta que cada tortuga se quebró en su coraza
hasta que cada hueso en la tumba violenta
se levantó, soltó su canto y se apagó!

Buena suerte a la mano sobre la línea,
se esconde el trueno bajo sus pulgares;
el hilo de oro es una hebra centelleante;
su carrete bravío canta desde las llamas,

el bote que gira en el arder de su sangre
grita desde la red hasta la quilla
oh las tijeretas y sus crías gigantes
oh los toros de Vizcaya y sus becerros

desposan al bello señuelo de piernas largas

bajo el verde, ancho velo del mar.

Anunciad las noticias sombrías y pintad en una vela

estas inmensas bodas en las olas,

sobre la espuma y su estela de relámpagos
sobre los jardines que crecen en el fondo
anunciad el día trepador del delfín,
mi mástil es de pronto un campanario,

golpead y acariciad, porque mis puentes son tambores,
cantad desde la proa hablada por el agua
el caminar del pulpo entre los miembros de ella
y el águila polar con sus huellas de nieve.

Del tajamar en sus salobres labios hasta popa
¡cantad cómo la foca ha besado a su muerta!
la yacente, la larga novia de un minuto
vieja de pronto flota en su lecho cruel.

Por encima de las tumbas acuáticas
con galerías y montañas debajo
el ruiseñor y la hiena
se regocijan por esta muerte a la deriva.

Cantan y aúllan a través de la arena y las anémonas
el valle y el sahara en una caracola,
Oh, toda la ávida carne, su enemiga
arrojada a la mar en la caracola de una niña

es vieja como el agua y simple como una anguila;
siempre el adiós al pan de piernas largas
disperso en los senderos de sus pasos
para los pájaros salobres que aleteaban saciados,

con picos espumosos por las altas semillas;
adiós adiós a los fuegos de su rostro,
porque los muertos con sus lomos de cangrejos
se lanzaron desde el lecho del mar y echaron a correr sobre sus
ojos,

Esa mirada desgarrada y ciega es fría como celisca.
Y el seductor debajo de su párpado,

el que descubre para los durmientes

mujeres desnudas color luna con altura de mástiles

andando por sus deseos y embellecidas por la vergüenza
es mudo y ha partido con su llama de novias.
Se ahogó Susana en el hirsuto arroyo
y ya nadie se agita junto a Saba

más que los reyes hambrientos de las mareas;

el pecado que tuvo forma de mujer

duerme hasta que el silencio sople en una nube

y todas las aguas sublevadas echen a andar a saltos.

Lucifer, esa hez de pájaro

caída entre las nórdicas laderas

se ha derretido y esfumado

siempre se esfuma en las cavernas de su aliento,

Venus yace en su herida fulminada de estrellas
y las ruinas sensuales sobre el líquido mundo
crean las estaciones
las primaveras blancas en la sombra.

Por siempre adiós gritaban voces en la caracola,
y siempre adiós porque la carne se ha lanzado
y el pescador arrolla su carrete
con los pobres deseos de un fantasma.

Buena suerte por siempre clamaban las aletas

en la pluma del pájaro tras de la sombra y el risueño pez

mientras las velas se bebían el granizo del trueno

y el relámpago de larga cola alumbraba su presa.

El bote nada en los climas de seis años,
un viento echa una sombra que de pronto se hiela
¡ved lo que la dorada línea trae a la superficie
desde las montañas y las galerías de los fondos!

¡Ved lo que cuelga desde el pelo y el cráneo
mientras pasan rasantes las alas ávidas del bote!
las estatuas de la gran lluvia se detienen
y los copos se derrumban como cerros!

¡Cantad y saludad! a su pesada presa

izada al bote en un nevar de luz!

Las cubiertas se han empapado de milagros.

¡Oh milagro de peces! ¡muerden los viejos muertos!

Fuera de la urna donde cabe un hombre
fuera del cuarto con el peso de su pena
Fuera de la casa que una ciudad sostiene
en el continente de algún fósil.

Uno por uno en el manto y el polvo,
duros como los ecos y con rostro de insecto,
los padres de él se aferran a esa mano de niña
y es esa mano muerta que conduce el pasado.

Los guía como a niños, como al aire
hacia las crestas agitadas y ciegas de las olas;
los siglos arrojan hacia atrás sus cabelleras
y los ancianos cantan con labios renacidos:

El tiempo trae otro hijo en si.

¡Matad al tiempo! ¡Ella gira en su pena!

El roble es derribado en la bellota

y el halcón en el huevo asesina al jilguero.

Aquel que atizara el gran fuego
y muriera sobre llamas sibilantes
o anduviera en la tierra por la tarde
contando la negación de las semillas

cuelga del flotante pelo de ella y trepa;
y él, que enseñara a sus labios a cantar
llora como el sol elevado
entre los líquidos coros de sus tribus.

La línea se repliega y adivina la tierra,

y a través de las grietas de las aguas

se arrastra un jardín que se aferra a su mano

con pájaros y bestias

con hombres y mujeres y cascadas

los árboles se secan y se enfrían en el remolino de las naves
sorprendidos y quietos sobre la arena verde, tendida como un velo
con leyendas en sus regazos virginales,

y tonantes profetas en las dunas quemadas;

los insectos y valles se aferran a sus muslos,

el tiempo y los lugares se aprietan al hueso de su pecho

ella se parte con las estaciones y las nubes;

el agua fresca le teje un brazalete
con sus peces movibles y sus piedras redondas
desde el fondo a la cresta de las olas más altas
respira y corre un río separado,

canta y golpea su cosecha

porque el oleaje lleva una siembra de cebada

pace el ganado en la espuma cubierta,

los cerros han pateado las olas hacia afuera,

tierra, tierra, tierra, nada queda

del andariego mar famoso, solamente su hablar

y entre sus siete tumbas parlanchinas

se hunde el ancla en los suelos de una iglesia.

con las salvajes yeguas del mar y las bridas mojadas
con potrillos salobres y huracanados miembros
todos los caballos de su redada de milagros
galopan en las verdes y abovedadas granjas,

y trotan y galopan con nubes de gaviotas
y con centellas en sus crines
Oh Roma y Sodoma, oh mañana y Londres
la marea campestre está empedrada de ciudades,

y las torres horadan la nube de su hombro

y las calles que el pescador peinara

cuando su carne de piernas largas era un viento incendiado

y su lomo una llama cazadora

se enroscan desde la encrucijada de su pelo

lo llevan despiadadas a su casa, vivo

conducen su terror a ese pródigo hogar

la casa enfurecida, asesina de bueyes, la casa del amor.

Hondo, hondo, hondo bajo la tierra

debajo de las ciudades flotantes

giran las metrópolis de peces

encadenadas por la luna y heridas por el agua.

Nada queda, del mar, apenas su sonido,

bajo la tierra el mar ruidoso marcha,

en los lechos de muerte de los huertos el bote se desploma

y el señuelo se ahoga entre las parvas,

Adiós y buena suerte, el sol y la luna repicaron
al pescador perdido en tierra.
Solo se queda ahora en la puerta de su hogar
con su corazón de largas piernas en la mano.


BENDITA PRIMAVERA

Oh

fuera de una cama de amor
cuando el hospital inmortal hizo otro movimiento
para aliviar el escrutado e incurable cuerpo,

y la ruina y sus causas
sobre el mar agresivo y punzante que como un falso ejército

arrasó nuestras casas y nuestras heridas,
me trepo a saludar a la guerra en la cual no tengo corazón
alguno

más que aquel sombrío al que debo mi luz,
llamo al confesor y a un espejo más sabio, pero ninguno hay

que arda tras la noche que es un dios lapidario
y me descubro tan solitario como un hacedor de milagros al
sol.

No

Celebrad que la primavera sea todo
Gabriel y radiantes arbustos mientras crece la mañana gozosa

desde la pira de la desgracia

y la bochornosa lágrima de la multitud se enfría sobre muro de los llantos

mi pródigo naciente
y el padre sol, su temblor lleno de niños de fuego puro,

pero benditos sean el granizo y el cataclismo
aquella inquietud por cierto todavía está sola para ponerse de
pie y cantar

sola en la cáscara del hogar humano

y la madre y la casa en derrumbe de la bendita primavera,
si por lo menos fuera la última vez.


FERN HILL

Cuando era joven y libre bajo las ramas del manzano
en torno de la casa cantarina, y feliz como verde era el pasto,
la noche sobre la cañada, llena estaba de estrellas,

el tiempo me dejaba dar voces y trepar

dorado hasta el apogeo de sus ojos,

y venerado entre carros, era yo el príncipe de las ciudades de manzanas
y alguna vez con todo señorío, hice que hojas y árboles

se arrastraran con margaritas y cebada
hacia abajo en los ríos alumbrados por las frutas caídas.

Y como era tierno y despreocupado, famoso en los graneros
en torno del patio alegre y cantaba porque la granja era mi
hogar,
al sol que es joven apenas una vez.

el tiempo me dejaba jugar
y ser dorado en la gracia de sus poderes,
y tierno y dorado era yo cazador y pastor, los becerros
cantaban a la voz de mi cuerno, en las lomas los zorros ladraban
con clara y fría [voz
y el domingo sonaba despacio
en los guijarros de los sagrados arroyos.

Todo el trayecto del sol era un deleite, una carrera,

los campos de heno altos como la casa, las tonadas de las chimeneas, era el aire
y un juego lleno de belleza y agua
y el fuego verde como pasto.
Y de noche, bajo estrellas ingenuas
mientras cabalgaba hacia el sueño las lechuzas se robaban la
granja

todo el trayecto de la luna, entre establos bendito, oía a las aves nocturnas

volar entre las parvas y veía caballos

como relámpagos en la oscuridad.

Y luego despertar, la granja regresaba como un vagabundo
blanco de rocío, con el gallo en su hombro, era todo
brillante, era Adán y su virgen

y el cielo de nuevo se formaba
y el sol creció redondo aquel preciso día,
Así debió haber sido luego de nacer la pura luz
en el primer lugar donde se hiló, caballos hechizados y fogosos
saldrían del verde establo lleno de relinchos
hacia los campos de alabanza.

Y venerado entre zorros y faisanes junto a la casa alegre
bajo las nubes recién hechas y feliz como era interminable el
corazón,
en el sol tantas veces nacido

yo corría por mis caminos alocados
mis deseos se desbocaban a través del heno alto como la
casa

y nada me importaba, en mi celeste tráfico, pues el tiempo
en su giro melodioso, concede tan pocos cantos así de mañaneros
antes que los muchachos tiernos y dorados
lo sigan hasta perder la gracia.

En esos días blancos como corderos no me importaba que el tiempo me llevara
hasta el desván lleno de golondrinas, tomándome por la
sombra de mi mano
en la luna que siempre se levanta,

ni que cabalgando hacia el sueño
llegara a oír su fuga entre los altos campos
y despertara ante la granja borrada para siempre de ese país sin
niños.
Oh, mientras fui joven y libre en la gracia de sus poderes

el tiempo me sostenía tierno y moribundo
aunque cantara en mis cadenas, como el mar.


EN EL SUEÑO CAMPESTRE

I

Nunca, nunca, mi muchacha andariega

en tierras de cuentos junto al fogón y hechizados durmientes,
temas o creas que el lobo con pálida capucha de cordero
balando y galopando ha de saltar brusca y alegremente
mi amada, mi amada,

fuera de su guarida en el hato de hojas, en el año goteado de rocío,
para comer tu corazón en la casa del bosque rosado.

Duerme, buena, para siempre, lenta y honda, hechizada rara y sabia,

mi muchacha que costea la noche en la rosa y el condado
de los rústicos cuentos: ningún ansarero o porquerizo
se volverá rey del establo o la aldea de fuego
y príncipe de hielo

para cortejar el meloso corazón de tu flanco antes del alba
en una trama de ensortijados muchachos y de gansos,
quemadura y espiga,

ni la inocente se echará en la cañada llena de raíces, galanteada
y quebrada y desecha entre plumas mi lágrima jinete.
De la espuma que levanta la bruja te amparan los helechos
y la flor del sueño campestre y el alcázar del bosque.
Yace ligera y aplacada,

segura y calma seas, ante los rugidos de las crías violentas.
Nunca, mi muchacha hasta que la campana austera te convide al
sueño

creas o dudes que la rústica sombra o el hechizo

agitará y hará nevar la sangre mientras tu corres por doquier,

pues ¿quiénes rondan cobardemente los aleros montañosos habitados por cuervos

o acechan a la luna en la cañada aunque su brillo suene limpio desde el pozo [estrellado?
Un cerro toca a un ángel más allá de una celda de santo
el pájaro nocturno canta alabanzas a través de conventos
y cúpulas de hojas

su árbol con pecho de petirrojo, las tres Marías en los rayos.
Sanctum Santorum el ojo animal del bosque
narra los abalorios de la lluvia y el adusto fantasma,
la lechuza, acude a su llamado de campana. El zorro y la mata
se hincan ante la [sangre.
Ahora los cuentos glorifican

el nacimiento de la estrella en el pasto y toda la noche tascan las fábulas
sobre la mesa señorial de la hierba reverente.

Nunca jamás, por sobre todo, temas al lobo en su capucha baladora

ni al príncipe con colmillos en la granja salaz, ante la cáscara
y el barro del amor, teme por sobre todo y siempre al ladrón
manso como el rocío.
El campo está bendito: Oh quédate en este amable campo,
conoce el verdor noble,

bajo la luna cual tambor de oraciones en el bosque rosado
ampárate en el canto y en la flor y que alegre

te acuestes en la gracia. Duerme hechizada ante el descanso en la casa humilde

en el seto vivaz de las ardillas, bajo el lienzo y la paja y la estrella:

abrigada y bendita aunque ahuyentes los cuatro vientos altos
de la sombra candente y el bramido en la aldaba enfríe tus
juramentos.

Y aún fuera de la tejida y picuda oscuridad y de las ramas como zarpas

sabe tú que el ladrón encontrará un camino solapado y seguro
y astuto como nieve y suave como el rocío caído de la espina,
esta noche y cada vasta noche hasta que hable la campana
austera

en la torre y a dormir llame sobre los establos
de los cuentos en hogares de piedra, amor mío perdido;
y que el alma ande en las [aguas tonsuradas.

Esta noche y cada noche desde la estrella fugaz en que naciste,
siempre y siempre él encuentra un camino cuando cae la nieve
cuando la lluvia cae, granizo en el vellón, cuando la niebla del
valle flota

por los establos oro-heno, cuando cae el rocío
sobre el aspado polvo del manzano y las golpeadas islas
de hojas matutinas, cuando cae la estrella, mientras se escurre
la simiente alada [del manzano

y cae, y florece en la herida que bosteza a nuestro flanco,
cuando el mundo cae silencioso como la tromba del silencio.

II

¡La noche y el reno sobre las nubes encima de las parvas
y las alas de la gran ave fabulosa que para la bella se atavió!
¡la saga saltarina de la oración! Y allí en lo alto, sobre los vientos
con talones de [liebre, las cornejas
se alzan de sus negras capillas, graznando las biblias de los
pájaros!
Entre los gallos, el zorro colorado que arde como un fuego,

la noche y la vena de los pájaros en el puño de los bosques lleno de alas y ojos [negros!

¡Golpe pastoral de la sangre a través de las hojas enlazadas!
Desde la mata, con negros puños de sotana y mangas como
escarcha de abrojos

el fluir de la fábula y el bullicio del ruiseñor!

¡El fantasma surgido de la cañada rota para cantar

y el embozado cerro de cipreses! ¡El bullicio y el cuento
en el patio rastreado, con la lluvia mantecosa en el balde!
¡El sermón de la sangre! ¡La vena sonora del pájaro! ¡La saga
que salta
de los tritones el serafín! ¡El Evangelio engaña! Todo habla
esta noche de aquel que [viene
rojo como el zorro y astuto como el viento de ligeros talones

¡Iluminación de la música!, la gaviota arrullada, lomo negro
sobre la ola, con arena en los ojos! Y el potro penetra silencioso
con sus cascos de luna por el lago revuelto cercado por el verde
en la vigilia de los [vientos.

¡Música de los elementos, que realiza un milagro!
Tierra, aire, agua, fuego cantan dentro del acto blanco,

la de pelo oro heno, mi amor dormida, de ojos azul vado
en la casa nimbada, en su rareza y su alto andar montañoso
amparada y bendita y verdadera; y tendido con tal quietud
podría el cielo cruzar por sus planetas, la campana llorar, la
noche recoger sus ojos,

el ladrón caer sobre los muertos como el rocío irresoluto,
sólo por el giro de la tierra en su bendito corazón!

Astuta, lentamente, oyendo como la herida de su flanco marcha
en torno del sol, él viene hacia mi amor como la nube destinada
y flota de verdad hacia la costa de flores como el mar
dominante del rocío

y sin duda navega como las nubes en forma de barco
Oh él viene destinado a mi amor, no a robarle su herida
de marea rasante

ni su alto andar, ni sus ojos ni su pelo encendido,
sino su fe, desde que cada noche vasta y cada saga de la oración,
viene

para tomar su fe, pues esta última noche, por su interés profano
viene a abandonarla cuando el sol proscripto se despierta,

desnuda y traicionada, sufriendo por saber que no vendrá.
Siempre y siempre, por todos tus juramentos cree y teme,
mi amada, que él venga esta noche y la noche sin fin, mi amada
desde que tú [naciste:

Y tú despertarás, del sueño campestre en este amanecer y cada amanecer primero,
tu fe tan inmortal como el clamor del dominado sol.


SOBRE LA COLINA DE SIR JOHN

Sobre la colina de Sir John,

se cierne inmóvil el halcón en llamas;

en una nube alzada, al caer la penumbra, arrastra con sus garras

a los pequeños pájaros de la bahía, los levanta a sus horcas

y hasta los rayos de sus ojos

y las guerras de los gorriones, vocingleras como juego de niños

y a los que cantan como cisnes, la penumbra, en las orillas reñideras
y alegremente graznan

al patíbulo cruel sobre la lucha de los olmos
hasta que estalle en un relámpago el halcón enlazado
y lentamente la garza pescadora cazadora bendita,
reverencie su lápida inclinada aguas abajo en el río Towy.

Un relámpago y las plumas chasquean

y la justiciera colina de Sir John se atavía

con una toga negra de cornejas y una vez más los pájaros burlados

se mueven como liebres, vapuleados de viento,
hacia el halcón en llamas, alto como una horca, sobre las aletas
del Towy.
Allí

donde el martín-pescador de la elegía da su estocada y chapotea

por los bajíos y los juncos picados de guijarros

y "bobo, bobo" llama el halcón altivo

"ven y hazte matar",

abro las hojas del agua en un pasaje de salmos y de sombras

entre cangrejos de pinzas enredadas

y leo en una caracola

la muerte clara como una boya de campana:

que la alabanza entera del halcón en llamas, se cante en la penumbra llena de ojos [de halcones,
cuando su cuerda viperina cuelgue atada con llamas
bajo su ala de tea y bendecidos sean

los tiernos pollos jóvenes de la bahía y los arbustos cloqueen;
"bobo, bobo" "ven, vamos a morir".

Penamos como los pájaros alegres, nunca más dejamos el guijarro y el olmo,

la garza y yo,

yo joven Esopo que fabula con la noche cercana junto a la hoya de anguilas;
la santa garza entona himnos en el valle distante,

un puerto de cristal colgado en caracolas
donde navegan los guijarros del mar

y los muelles del agua donde los muros danzan y las grullas se elevan en sus [zancos.

Somos la garza y yo, bajo la justiciera colina de Sir John
llena de olmos, con esa culpa repicada hacemos la leyenda
de los pájaros que extraviaron su rumbo, de los que Dios se
apiada

por sus pechos de trinos,
Dios en su torbellino de silencio advierte el grito de los
gorriones

por el canto de sus almas.

Ahora la garza se lamenta en las orillas cubiertas de malezas.
Por las ventanas de penumbra y agua veo como se inclina
murmurante
la garza en el espejo

y se marcha con las plumas restallantes de nieve
a pescar en la lágrima del Towy. Sólo un graznar de búho
se ahonda como el silbido de una brizna en manos ahuecadas,
en los saqueados [olmos
y ya no hay gallos o gallinas jóvenes

que griten sobre la colina de Sir John. La garza, que se trepa
por las hondonadas llenas con las escamas de las olas, hace toda la
música;
y yo que oigo la tonada del río que trasporta lentamente los
sauces,

grabo antes de la estocada de la noche,
las notas sobre esta piedra sacudida de tiempo
por las almas de los pájaros asesinados que navegan.


POEMA EN SU CUMPLEAÑOS

En el sol como semilla de mostaza,
junto al alto río inclinado y el zig zag del mar

donde los cormoranes huyen,
en su casa elevada sobre zancos, entre picos

y monsergas de pájaros

en este día como grano de arena en la tumba inclinada de la bahía

él celebra y desprecia
sus treinta y cinco años de detritus que el viento transformó
en edad;

las garzas se alzan en agujas y venablos.

Abajo y a su lado
van los lenguados, las gaviotas en sus huellas agónicas y frías

obedeciendo a las palabras
recios pájaros acuáticos en las olas colmadas por los congrios

se afanan en sus caminos a la muerte,
y el coplero en el cuarto de los chismes,

que tañe su campana de cumpleaños
se esmera hacia la emboscada de sus heridas;

las garzas, agujas espigadas, echan su bendición.

En el otoño de los cardos
él canta hacia la angustia; los pinzones vuelan

entre huellas de halcones en un cielo rapaz;
peces pequeños se deslizan entre cascos y vientos

en ahogadas poblaciones de barcos
hacia praderas de nutrias marinas.

En su ladeada casa torturante
y las rotas espirales de su oficio percibe

como las garzas andan en sus mortajas,

el manto interminable del río
de mojarras se trenza junto a su oración;

y lejos, junto al mar conoce
al que esclaviza su final eterno, agazapado

bajo una nube en forma de serpiente,
los delfines bucean en polvos de naufragio

las encrespadas focas se lanzan a matar
y su propia marea mientras echa su sangre

resbala bondadosa hacia la boca suave.

En un silencio de ola, cavernoso,
osalante, lloraron las pálidas campanas del ángelus,

treinta y cinco campanas cantaron su repique
sobre la cicatriz y el cráneo donde yacen sus amores en ruinas,

timoneados por estrellas fugaces.
Y el mañana llora en una jaula ciega

que el terror derribará con furia
antes que las cadenas rompan en martillos de fuego

y el amor libere las tinieblas

y él se pierda libremente
en la famosa luz desconocida del grande

fabuloso Dios amado.
La oscuridad es un camino y la luz un lugar,

el cielo que no existió
ni existirá jamás es siempre cierto

y, en ese vacío tupido de malezas,
como los bosques de zarzamoras,

crecen los muertos para Su alegría.

Allí, desnudo, debería errar
con los espíritus de la bahía en forma de herradura

o los muertos en la playa de estrellas.
con médula de águilas, raíces de ballenas

y pechugas de ánades salvajes,
con el bendito Dios que no ha nacido y Su Espíritu,

y cada alma, Su sacerdote,

engañada y cantando en el pliegue el Cielo joven

sea ante la paz temblorosa de nubes.

Pero la oscuridad es un camino largo.
Él, sobre la tierra de la noche, solo

con todo lo viviente, reza,

Él, que sabe que el viento como centella soplará
arrojando los huesos fuera de los cerros,
y las piedras heridas de guadaña sangrarán, y las últimas aguas

astilladas de ira han de patear los mástiles y peces
hacia las silenciosas estrellas vivientes
y sin ninguna fe hasta Aquel

que es la luz del cieloviejo formado por el aire
donde las Almas se vuelven salvajes

como caballos en la espuma:
Oh, dejadme este luto a mitad de mi vida

junto a reliquias y juramentos de garzas como druidas
por el viaje que hacia la ruina he de correr

entre barcos golpeados y encallados
aunque grite todavía con mi lengua confusa

y cuente en voz alfa mis heridas:

cuatro los elementos y cinco los sentidos
y el hombre, un alma enamorada que se enreda

a través de este limo giratorio
al llegar a su reino frío, nimbado de campanas

y las cúpulas perdidas, con su brillo de luna,
y el mar que esconde sus personas secretas

hondo en sus negros zócalos de hueso
arrulla en los astros la carne entre las valvas

y esta suprema bendición final

que cuanto más camino hacia la muerte,
un hombre con sus cascos partidos,

más pleno de sonido el sol florece
y el mar destartalado, agudo de colmillos exulta;

y cada ola en el camino

y cada ciclón con el que lucho, y todo el mundo entonces

con la fe más triunfante que nunca
desde que el mundo fue nombrado

gira su mañana de alabanza,

oigo los cerros saltarines
crecer llenos de alondras, reverdecidos por el otoño

pardo de moras y las alondras del rocío cantan
más altas que esta primavera tronadora

y las vehementes islas con alma humana
¡cuanto más cerca de los ángeles cabalgan!

Oh, ya mis hombres radiantes no están solos
y sus ojos son entonces más santos

mientras yo navego hacia la muerte.


LAMENTO

Cuando era yo un muchacho presuntuoso y una pizca de hombre

y el negro escupitajo de los feligreses,

(suspiraba el viejo vástago de carnero en su agonía de mujeres)

andaba de puntillas, tímido en el bosque de grosellas,

la tosca lechuza gritaba como una jaca legendaria,

en mi rubor, brincaba mientras las niñas grandes

jugaban a los bolos en los baldíos de los asnos

y en un vaivén de noches domingueras rondaba

a quienquiera que fuese con mis ojos perversos,

tanto como el tamaño de la luna podía yo amar

y abandonar junto al arbusto negro como el carbón

a todas las esposas en las pequeñas bodas

de hojas verdes y dejarlas penando.

Cuando era yo un hombre borrascoso y apenas medio hombre
la bestia negra de la congregación de escarabajos
(suspiraba el viejo vástago de carnero en su agonía de putas)
no un muchacho y una pizca de hombre en la luna perversa que
se hundía

y borracho como un becerro recién parido
silbaba la noche entera en retorcidas chimeneas,
las comadres surgían en las zanjas de medianoche,
y las achicharrantes camas pueblerinas gritaban: "de prisa"
cuandoquiera que me zambullía en un pecho como alto bajío
dondequiera que brincase sobre colchas de trébol
lo que quiera que hiciese en la noche de color carbón
dejaba siempre mis huellas temblorosas.

Cuando era yo un hombre, lo que se dice un hombre

y la cruz negra de la casa bendita,

(suspiraba el viejo vástago de carnero en su agonía de bienvenida)

con aguardiente y uvas en el albor brillante de mi primera edad,

no un gato macho de cola florecida en la ciudad candente

y cada mujer domada su ratón,

sino un toro de la loma en el bochorno del verano

que llegaba en su grande y buen momento

a las bestias que enardeciéndose sufrían, me dije,

¡oh mucho tiempo habrá cuando la sangre fría ya se arrastre

y yo me eche en la cama sólo para dormir

a causa de mi alma ceñuda y perezosa, negra como el carbón!

Cuando era yo la mitad del hombre que era
y merecía las advertencias de los curas,
(suspiraba el viejo vástago de carnero en su agonía de ruina)
no un becerro restallante ni un gato enardecido
ni un toro de la loma en la lechosa hierba,
sino una oveja negra con un cuerno arrugado,
al fin el alma abortada de su falso agujero ratonil
se enfurruñaba cuando el tiempo de claudicar venía
y di a mi alma un ojo ciego, maltratado,
cartílago y corteza y una estruendosa vida,
y la empujé hasta el cielo negro como el carbón
para encontrar un alma de mujer por esposa.

Ahora ya no soy un hombre, ya no lo soy,

sólo una negra recompensa por mi vida estruendosa,

(suspiraba el viejo vástago de carnero en su agonía de extraños),

pulcro y maldito en mi cuarto arrullado de palomas

yazgo, delgado y oigo las bondadosas campanas

porque, ¡oh! mi alma encontró una esposa dominguera

en el cielo negro como el carbón y ella aburre a los ángeles!

¡me rodean arpías que surgen de su vientre!

la castidad reza por mí, la piedad canta,

endulza la inocencia mi último negro aliento

la modestia esconde mis muslos en sus alas,

y todas sus mortíferas virtudes fastidian mi muerte!


EN EL MUSLO DEL GIGANTE BLANCO

Por entre las gargantas, donde se cruzan muchos ríos

gritan los pájaros acuáticos

bajo la luna fecundada sobre la alta colina de yeso.

Y allí, esta noche, voy por el muslo del gigante blanco

donde mujeres yermas como piedras

yacen quietas y ansiosas por trabajar y amar

aunque ya se rindieron hace tiempo.

Por entre las gargantas donde se cruzan muchos ríos, las mujeres rezan,

suplicando en la bahía vadeada que se derrame la simiente
aunque la lluvia barrió los nombres escritos en sus piedras
cubiertas de maleza.

y solas en el eterno oficio curvo de la noche
suspiran con sus lenguas de pájaros acuáticos
por los inmemoriales hijos no concebidos
de la mellada, tundida colina.

Ellas, que en un invierno con carne de gallina amaron todo el hielo abandonado
en los senderos de los galanes, o se enroscaron bajo el buey
abrasador del sol

en las carretas con sus cargas tan altas que los manojos de heno
se asían de las nubes oblicuas, o alegres se acostaron con alguno
tan joven como ellas a la luz recién ordeñada de la luna

bajo las formas iluminadas de la fe, y sus enaguas por la luna sombreadas
se levantaban alto con el viento.

o se sobresaltaban con los rudos y jóvenes jinetes,

ahora me oprimen contra sus granos en un claro del bosque gigantesco,

ellas, las que una vez, ya verdes campos hace, fueron un seto vivo de alegrías.

Hace tiempo, su polvo fue carne que olfateaba el porquerizo astuto,

encendida en el vaho de la pocilga nupcial, por la impetuosa
claridad de sus muslos alardeando hacia el cielo del muladar
o con su hortelano, en el corazón del arbusto solar,
eran rudas como lenguas de vaca y podadas con zarzas sus
melenas mantecosas
bajo el verano sofocante, llenas de espinas de oro hasta los
huesos,

o se ondulaban suaves como seda en la luna hilandera
y arrojaban piedrecillas al lago que sonaba como un arpa de
granizo.

Las que una vez eran un florecer de novias al borde del camino en las casas de los [espinos blancos
y oían al campo lascivo y cortejado, fluir hacia las próximas
escarchas
y el chillar de los pequeños frailes escurridizos, ataviados de
pieles

al extinguirse el día, en las naves de cardos, hasta que la lechuza blanca
cruzaba por sus pechos y escuchaban jactarse a las gamas
arqueadas y a los [cornudos gamos
trepar veloces, ante el llamado del amor, al bosque
donde echa espuma una antorcha de zorras,
a todos los pájaros y bestias de la noche engarzada oían repicar
bulliciosos

y el topo achataba el hocico al peregrinar bajo las cúpulas
o, robustas cuidadoras de gansos, saltaban en un catre,
llenos de miel sus pechos, bajo su ganso rey
que en el siseante establo las azotaba con sus alas,
muertas hacía tiempo y consumida la cebada oscura donde sus
zuecos danzaban en [primavera

y volaban sus horquillas de luciérnaga y rodaban las parvas
(pero nada nacía, ningún niño prendía su boca a las venosas
colmenas

y desnudas y estériles en tierra de Madre la Oca,
ellas eran con sus simples aldeanos un pedregal de esposas)

Ahora el grito del pájaro acuático me derriba para besar sus bocas en el polvo.

El polvo de sus ollas y relojes se hamaca

donde cabalga ahora el heno o las cocinas de helecho se enmohecen

como el arco de las hoces que podaba los setos a relámpagos
y cortaba las ramas de los pájaros que la savia trovadora
enrojecía.
Ellas, desde las casas donde se hinca la cosecha, me oprimen
fuertemente,

las que oyeron doblar la alta campana en los domingos de los muertos

y la lluvia que escurría sus lenguas por el patio esfumado,
me enseñan que el amor es siempre verde luego de la tumba
donde caen las hojas

luego que el Amado sobre la cruz enterrada en la hierba
sea barrido por el sol y las Hijas ya no se lamenten
salvo por sus largos deseos en las calles de las jóvenes zorras
o por su hambre en el bosque derribado;

a estos muertos sanos e inmortales de veras aman las mujeres de la colina
por siempre meridianas entre los árboles de los galanes

Y las hijas de la sombra llamean todavía como arden las fogatas cierta noche de [otoño.


ELEGÍA

Demasiado altivo para morir, murió ciego y vencido
del modo más sombrío, sin mirar hacia atrás,
un hombre amable y frío en su mezquino orgullo

el día más sombrío. Oh que siempre yazga
luminoso por fin en la colina final llena de cruces,
bajo la hierba, enamorado y que joven se vuelva

entre los largos rebaños, y nunca yazga perdido o quieto

en todos los innumerables días de su muerte

aunque por sobre todo él suspiraba por el pecho materno

que era descanso y polvo y en la tierra benévola

la más oscura justicia de la muerte ciega y profana.

Dejad que no encuentre otro descanso que ser hallado y protegido

yo rezaba en el cuarto agazapado, junto a su cama ciega,
en la casa ya muda, un minuto antes del mediodía
y de la noche y de la luz. Los ríos de los muertos

veteaban su pobre mano que sostenía yo mientras veía
las raíces del mar a través de sus ojos sin vida.
(Un viejo atormentado, tres cuartas partes ciego.

No soy tan altivo para gritar que Él y él

nunca nunca se irán de mi mente.

Todos sus huesos lloraban y pobre en todo salvo en el dolor,

aunque fuera inocente, él temía morir

odiando a Dios, pero en verdad era simple:

un viejo manso y valeroso en su quemante orgullo.

Suyos eran los postes de la casa, poseía sus libros.

Nunca había llorado, ni siquiera de niño

y no lloraba ahora, salvo ante su secreta herida.

Yo vi la última luz, que resbalaba de sus ojos.

Aquí entre las luces del altivo cielo

un viejo está conmigo dondequiera que voy

camina en las praderas del ojo de su hijo

sobre el que males infinitos cayeron como nieve.

Él gritó ante su muerte, temiendo al fin el último sonido

de las esferas, el mundo que se iba sin un suspiro
demasiado altivo para llorar, demasiado débil para aguantar las
lágrimas,
y preso entre dos noches: la ceguera y la muerte.

Oh, la herida más profunda de todas, era que debía morir

en día tan sombrío. Oh, pudo al fin esconder

las lágrimas fuera de sus ojos, demasiado altivo para llorar.

Hasta que muera yo, él estará a mi lado).

La elegía inconclusa de Dylan Thomas llevaba por título "Elegía" y "Demasiado altivo para morir" o "Muerte cierta" que se habían usado en esbozos preparatorios. Entre sus papeles, Dylan Thomas dejó sesenta páginas manuscritas acerca del poema incluyendo esta nota:

1) Aunque era demasiado altivo para morir él por cierto murió, ciego, en la más terrible agonía pero no se acobardó ante la muerte y fue valiente en su orgullo.

2) En su inocencia y al pensar qué estaba odiando a Dios, nunca supo lo que en realidad era: un buen viejo en en su quemante orgullo.

3) Ahora él no apartara de mí, aunque esté muerto.

4) Su madre decía que de niño nunca lloraba; ni lloró ahora de viejo; solamente lloró ante su herida secreta y ante su ceguera, nunca en alta voz.

El resto del manuscrito consiste en frases, líneas, coplas, finales de líneas y transcripciones del poema en distintos grados de terminación. Las dos versiones más completas, que claramente son las últimas, están escritas en cuartetas. Una sin título no tiene división entre los versos, la otra, titulada "Elegía" está dividida en versos de tres líneas. Esta es para mí la última versión; al parecer ya tiene la forma que podría haber sido la definitiva. El poema se extiende hasta la línea diez y siete, termina en "las raíces del mar", después hay una línea borrada.

La extensión del poema se construyó sobre la base de las notas del manuscrito. Las líneas se encuentran allí, excepto aquellas dos o tres que fueron ajustadas para que cuadraran dentro del ritmo general. "Suspiro" aparece como una palabra suelta, marginal y la he usado en la línea treinta y cuatro; y "simple" que termina la línea veintitrés fue añadida a era sin justificación, sacada del manuscrito. En la tercera línea elegí "mezquino orgullo" en lugar de "quemante orgullo", pues aunque "quemante" aparece con mayor frecuencia que "mezquino" en las transcripciones, fue "mezquino" la palabra que él citó de memoria ante mí la última vez que nos vimos.

De las líneas añadidas, diez y seis son exactamente las que escribiera Dylan Thomas. Las restantes sólo se han alterado por la extensión de alguna inversión o una dos palabras. El orden bien pudo haber sido diferente. El poema pudo también haber sido mucho más largo. Recuerda el poema anterior, escrito también para su padre. " No entres dócilmente en esa noche quieta", pero resulta claro que en este poema Dylan Thomas intentaba algo aunque más inmediato, también más difícil.

vernon watkins


NOTAS

Prólogo del autor:

El poeta se compara a si mismo con Noé. El arca simboliza la poesía y él invita a todas las criaturas de Cales a refugiarse en ella.

En los primeros poemas de D. T. la palabra diluvio estaba inevitablemente asociada con el terror. Aquí tiene un contenido opuesto. Todo el poema es un oficio de celebración. La alegría de un poeta religioso en comunión con la naturaleza.

Veo los muchachos del verano:

En este poema, como en muchos de la primera serie se simboliza el ciclo de la vida y la muerte. La palabra "pouch" que aparece en la última estrofa, traducida genéricamente como "bolsa" puede significar además cama, y en la simbología de D.T. lleva implícito el significado de útero y tumba.

Tres son los hablantes en el poema: el crítico, los muchachos y el poeta. El crítico comienza enjuiciando a los muchachos, que en su inconsciencia todo lo destruyen y nada bueno predice para ellos. Sólo que quizá sentirán en la vejez el ardor que ahora no sienten. El poeta en la última línea de la estrofa afirma que si esto se cumple, será porque habrán preservado la juventud.

En la segunda parte, los muchachos se defienden. Gritan su desafío a las estaciones, son los que todo lo niegan, todo lo trastruecan, ya que someterse al tiempo sería estar a merced de la muerte.

En la última parte el crítico remarca que los muchachos terminarán en la ruina, destruidos por el gusano que habita en cada hombre. Los muchachos se proclaman "hijos del pedernal y de la brea" y el poeta en el último verso indica que los extremos son en realidad uno solo "mirad cómo se besan los polos que se cruzan".

D. T. no da en el poema ninguna indicación convencional de que se trata de un diálogo. El crítico Eider Olson sostiene que esto no es meramente deliberado sino además estudiado. Fraser asegura en cambio que, por la edad en que el poema fue escrito, no puede haber sido objetivo hasta ese punto, puesto que el mismo poeta era uno de aquellos muchachos del verano.

Cuando una vez los cerrojos del crepúsculo:

En un sueño de nacimiento y, dentro de él, un sueño de culpa y corrupción. Padre, madre e hijo a la vez, el soñador es liberado de sus obsesiones por medio del sueño y cuando el aire se despeja, despierta.

Al hablar de coraza (carcass) se refiere a la carne. El propio embajador es el espíritu, que va a la luz revestido de tal coraza.

Antes que llamara:

Mnetha: Personaje de Tiriel, de William Blake (anagrama de Alhena) El hombre es presentado como Cristo y se trata de mostrar la vida humana como si la conciencia de la muerte ya empezara a crecer en la existencia prenatal.

La fuerza que por el verde tallo impulsa a la flor:

Uno de los poemas más conocidos de D. T. La relación entre el hombre y el universo como un microcosmos frente al macrocosmos; sobre ambos obran las mismas fuerzas que crean y destruyen.

Si me hiciera cosquillas el roce del amor:

La palabra Rub (frotar), es también "sarcasmo" en otra de sus acepciones. El poeta, como la reina en Ricardo II parece decir "the world is full of rubs" (el mundo está lleno de sarcasmos). El problema es comprender si uno de estos roces o sarcasmos es capaz de arrancar "la risa del pulmón" de modo que el hombre alcanzado verdaderamente por el "cosquilleo" del amor y el sexo llegaría a no temer a la muerte ni a la tumba. Pero que tal como la vida se da y a pesar de sus dualismos fascinantes, el roce del amor no basta. Por lo cual se explica haber utilizado esta palabra, con el otro significado (sarcasmo) implícito.

Nuestros sueños de eunuco:

Los sueños de nuestras noches, inútiles a la luz del día traen muchachas muertas al lecho cuyos cuerpos saben a mortaja. Algo semejante ocurre con las imágenes del cine que también son fantasmas y tienen una vida aparente. Al seguir a estos espectros olvidamos nuestra vida real.

La pregunta es: ¿Cuál es la mayor ilusión? ¿Los sueños, los filmes y las fotografías o nuestra propia vida?, la respuesta es que el mundo cotidiano resulta lo más terrible, de modo que para vivir en paz es necesario desterrar sus fantasmas y sus imágenes.

Cuando, como una tumba veloz:

En este poema la palabra Cadáver se usa en el sentido del cadáver que todo hombre viviente lleva en sí. El círculo virgen (O en el original) es un símbolo del vacío. D.T. utiliza el nombre de Adán en varios sentidos. Aquí se refiere a su sentido primario, o sea "el primer hombre".

Cuando utiliza el apelativo "señor y señora" le está hablando a la cabeza y al corazón: "Sir Head and Madam Heart".

Macadam se ha traducido como asfalto por su función en el contexto de la estrofa pero tiene otro significado implícito. Mac = camarada, Adam=Adan.

Desde la primera fiebre del amor a tu infortunio:

El símbolo de la tijera es usado siempre como símbolo de nacimiento y muerte. La tijera corta el cordón umbilical, también sirve para cortar la mortaja.

W. S. Mervin afirma que, aparte de la Elegía, este es el único poema que se conoce de D.T. que aparece inconcluso. El poeta trataba de decir en él, el mito del nacimiento según el suyo propio, pero concluye expresando que aún las creaciones de la imaginación son fútiles. Por eso, tal vez con toda intención no se haya tomado el trabajo de finalizarlo.

En un principio:

Se trata de la creación del mundo comparada a la creación del hombre desde un punto de vista universal. Se mezclan elementos de la simbología cristiana con elementos cabalísticos.

Soñé mi Génesis:

Cuando habla de "las lágrimas de Adán" se refiere al sudor de sal que el hombre vierte en su trabajo desde la caída y además a la sal del mar, generadora del hombre.

Mi mundo es pirámide:

Adán que el mar sorbió: se refiere al cuerpo mortal heredado del Casco vacío (hollow hulk) = el útero.

La palabra "fellow" que se ha traducido por "camarada" se usa dentro del poema en varios niveles: como sustantivo (el camarada, el compañero), como adjetivo y como verbo (convertir en camarada). La palabra forma una falsa aposición al sustantivo madre, padre etc.

Eloi es el grito de Cristo en su agonía: "Eli, Eli, lama sabachtani".

Leche lujuriosa (horny milk en el original) horny = slang por lustful (lascivo-lujurioso) se refiere a la secreción de la mujer bajo el estímulo sexual.

En inglés hay una alteración entre "dobles" en este caso "imita o repite" y dabbles (salpica-chapotea), que en el contexto resulta onomatopéyica.

Yo en mi imagen intrincada:

Con dos imágenes igualmente agresivas: el hombre esposado y el fantasma en su armadura se refiere al cuerpo y al espíritu. Más adelante la tierra es comparada con un disco de cera que a la vez graba la historia individual y colectiva.

La visión exultante de los dos últimos versos parece un anticipo de la poesía de celebración, propia del último período de la obra de D.T.

El demonio encarnado:

Aquí el poeta expone una interpretación propia de la caída. Desde que "los dioses del jardín" enviaron al mal y al bien sobre un árbol de oriente, el hombre queda eximido de su responsabilidad frente al pecado.

Hoy, este insecto:

Molinos de viento imaginarios: "Air-drawn windmill" en el original, no está usado aquí en el sentido corriente de drawn by the air sino en sentido del inglés arcaico drawn on the air, que tiene la connotación de "ilusorio".

La sernilla latente:

En su punto cero, es decir, en el momento en que aún no ha germinado.

"El hombre se declara" trasposición de dos expresiones en inglés: Man-bearing y war-waging (la gestación del hombre y la declaración de la guerra). En el poema se han traspuesto escribiendo man-waging y war-bearíng para producir un efecto que no se advierte en español.

¿No haces las veces de mi padre?

Abraham-man: mendigo que finge locura para obtener más limosnas. Originariamente se trataba de algún enfermo mental de una guardería llamada Abraham, en el hospital en Bedlahm, donde los internos estaban autorizados para solicitar el óbolo de las gentes.

¿Por qué el viento del Este?

Fuentes de los vientos: En el original windwell (del anglosajón antiguo) en lugar de source of the winds. Literalmente: pozo de los vientos.

Hace una pena:

Aarón: Planta de tallo largo como la candelaria, llamada así en recuerdo de la vara de Aarón mitológica que floreció milagrosamente y se cubrió de almendras.

Los doce triángulos del viento querubín: Símbolo tomado de la cartografía y la iconografía. En la rosa de los vientos antigua se representaban los doce cuadrantes del viento con la estampa de una cabeza de carrillos inflados que soplaba con fuerza. Estas imágenes se parecen a las que representan a los querubines, generalmente una cabeza sin cuerpo.

Encajonada en el amor (boxed into love). El mismo D.T. aclaró que Boxed into love lleva implícitos dos significados: Box: caja, ataúd; y también: boxeo.

Cuando el sol servidor:

El señor mañana: se refiere al niño que aún no ha nacido.

El armario de piedra: la naturaleza que revestirá de carne a la semilla para que una vez que los cartílagos se hayan ataviado del todo pueda ponerse de pie y entrar en la vida.

Alimenta a la luz:

El poeta aspira a hacerse uno con el mundo en que vive y alimentar todas las cosas, aun las más diabólicas, con excepción de las fantasías mórbidas.

En las tres primeras estrofas se trata de una exhortación a sí mismo. En la cuarta, a los mares que representan el universo y en la última a Dios.

Los pájaros que registran el viento: traducción libre de bows and arrows bird = veleta en su forma arcaica, pues antiguamente numerosas veletas ostentaban en lugar del gallo, pájaros tallados.

En dirección al altar bajo la luz del búho:

La simbología de estos así llamados sonetos, es muy compleja y ha sido entendida de diversos modos. Es indudable que se trata de una interpretación del Apocalipsis, pero existen múltiples significados confluentes. Por ejemplo, mientras Francis Scarfe se inclina a considerar estos poemas como una mezcla de símbolos bíblicos, cabalísticos y miltonianos, William Empson se empeña en ver en la cruz un símbolo sexual. Mientras Karl Shapiro los ve como una expresión directa de un espíritu religioso que no busca explicaciones metafísicas a sus creencias, sino que las siente como parte natural del mundo, Eider Olson los entiende como interrelación total entre el cosmos, el movimiento de los astros, la sucesión de las estaciones, el destino del hombre y la crucifixión de Cristo. Siguiendo parcialmente su interpretación, aclaremos algunos hermetismos, ya que se ha considerado a esta serie de sonetos como los más oscuros de la poesía thomasiana.

Soneto I:

Antes del equinoccio otoñal, la constelación de Hércules declina hacia el oeste (oeste=ocaso=tumba). Hércules, protagonista del poema es a la vez constelación, héroe, caballero, el tiempo, el sol, el hombre mismo.

En su declinación, Hércules es seguido por Escorpio y las serpientes (furias), el sol mueve hacia el sur, hacia la constelación de Ara (altar) a la luz nocturna (luz de búho).

Abadon: Ángel destructor, la muerte en forma de serpiente.

Devorador de mundos, un perro entre las ferias con la quijada al acecho de nuevas: según Edith Sitwell el símbolo se referiría aquí al horror del hombre ante el vértigo y la locura de la vida.

Quijada al acecho de nuevas: jaw for news, trasposición de la expresión nose for news, es decir, estar alerta a las novedades.

Mandrágora: con su verdadero significado de planta y alusión encubierta al hombre-dragón: man drake, Drake = dragón, en anglosajón antiguo.

Sobre una pierna en medio del ventoso naufragio: Hércules aparece sobre una rodilla con un pie en la cabeza en la constelación de Draco (dragón).

Soneto II:

Paralelo entre el nacimiento del hombre y el aparente pasaje del sol por la Vía Láctea.

el pelicano de los círculos: el universo.

la artería: la Galaxia.

la breve chispa: el principio de la vida: Dios.

Jacob a las estrellas: imagen bíblica y astral. Los escalones por donde trepa serían las vértebras de la serpiente gigante (constelación de Hydra).

sujeto vacío: La muerte, el esqueleto despojado de su carne.

Soneto III:

El Carnero: doble alusión: símbolo viril, el macho cabrío y la elevación de Aries en el cielo (la hora del jardín = la primavera en el hemisferio norte).

La tropa de cuernos: Tauro sigue a Aries en el zodíaco.

El cucharón de médula: Alusión al despertar de Rip Wan Winkle después de veinte años, al beber la médula.

Un despojo del año: Al seguir el curso de las estaciones, Aries queda atrás devastado.

La primavera repicó dos veces: Alude al hecho de que el año tiene dos primaveras, una en cada hemisferio.

Soneto IV:

Se interrumpe la narración de Hércules y el poeta pasa a formularse preguntas sobre la chispa del origen, sobre el principio del hombre.

hombre de bamba: esqueleto humano.

orillas de pan: alusión al maná.

el penoso diluvio: el espacio, un reflejo distante del mundo.

Soneto V:

Las constelaciones se simbolizan ahora por naipes.

Gabriel con dos pistolas: Aparte de la directa alusión al Ángel, Perseo montado en Pegaso, que asciende luego del equinoccio de otoño llevando un arma en cada mano.

El rey de los lunares: El rey de Etiopía (nombre pagano de la constelación Cepheus).

La nanga de Jesús[4]: El rastrillo de Jesús es un nombre que se da a la Vía Láctea.

La reina: Cassiopeia, que marcha en el cielo entre Cepheus y Perseo. Para la mitología clásica, esposa de Cepheus.

Las sotas con sus galas: las dos figuras de la constelación de Géminis.

Caballero impostor, Adán bizantino: Hércules, el propio narrador, porque simula ser el sol.

Hongos lechosos: la Vía Láctea.

La marea impetuosa del Asia: la constelación de Erídamus, llamada también el río.

La ballena de Jonás: la constelación de Cetus.

El oso polar que citó a Virgilio: la Osa Mayor y Menor que asciende hasta las Pléyades, a las que los romanos llamaban también Virgiliae.

Algas, detritus: en D.T. es siempre un símbolo de muerte.

Soneto VI:

Sigue hablando el poeta.

Hércules recorre un libro de agua: Porque ahora suben las constelaciones zodiacales con nombres acuáticos: Piscis, Delphinus, Cetus, Eridanus.

Cera: Símbolo constante en D.T. que significa la carne, representa la condición mortal del hombre.

Damas de pechos como gaitas: Damas que vencen al hombre al soplar con los detritus las vendas que preservan su vida.

Soneto VII:

Se refiere a los cielos de Nochebuena.

La Cruz del Norte ha ascendido y por primera vez se ve como un símbolo cristiano.

En una suerte de Biblia de la Naturaleza todos los árboles son uno y todas las oraciones son el Padrenuestro.

Esponja: símbolo cristiano. La esponja donde se le dio a beber a Jesús hiel y vinagre.

El tiempo concebido aquí como dolor deja su huella en todas las estaciones, la rosa y el hielo.

Soneto VIII:

Alude al Viernes Santo.

Describe el acto real de la Crucifixión.

La María de Dios en su dolor es mencionada cuando Virgo asciende en el horizonte.

Pechos de pájaro: símbolo de inocencia, contrastando con los pechos de gaita en el Soneto VI.

Juan Cristo: Cristo de todo el género humano.

Se afirma en este soneto la imposibilidad de la vida, la sola existencia del sacrificio y de la muerte.

Soneto IX:

Se refiere al Sábado de Gloria.

La atmósfera egipcia del soneto, según Eider Olson, está dada por la aparición en el firmamento de la estrella Cepheus (rey de Etiopia).

La momia, las tinturas extinguidas, las vendas, son el símbolo de la muerte que se burla de quienes, preservando los cadáveres, pretenden burlarla.

Soneto X:

Alude a la mañana de Pascua.

La fe renace en toda su fuerza al aparecer de nuevo en el cielo la constelación Cygnus, la cruz.

El marino del cuento en su peregrinar cristiano: = aquel que ha seguido la historia de la crucifixión.

Los cielos son ahora un canal azul-espuma, donde mora el pez grande (asciende la constelación de Delphinus).

Hay un retorno al Edén, pues todo lo que el tiempo destruye puede ser sin duda restaurado.

Acaso porgue el ave del placer silbe:

La ciudad maldita: Alude a Sodoma: Burn city en el original. Doble significados intraducible, puesto que "bum" significa a la vez borrachera y persona de calidad muy inferior. En Sodoma se cometían los pecados y era una ciudad disoluta.

El poema está lleno de significados elípticos.

Púas candentes en los ojos: Red hot wires en el original: su significado es la púa que ciega a los pájaros.

La nieve: quiere decir a la vez, la cocaína (los adictos suelen llamarla nieve) y el maná celestial.

Las lenguas salvajes: las lenguas de fuego que arrasaron la ciudad.

La persona de sal es la mujer de Lot.

Cuando mis cinco sentidos campesinos vean:

Señor de las moscas = se refiere a Belcebú.

En la campana de lengua polvorienta de los pecadores:

Muchos críticos no han encontrado significación alguna a este poema. Otros afirman que se trata de la descripción de una misa negra, presidida por Satán oficiando de sacerdote, el cual es comparado con el Tiempo que ejecuta su oficio.

La losa decía la fecha de su muerte:

Uno de los más típicos ejemplos del simbolismo freudiano del segundo periodo en la poesía de D.T. por la imaginería sexual que emplea.

Si mi cabeza causara el más mínimo dolor: Diálogo entre la madre y el hijo por nacer.

El hijo que se resiste a nacer haciendo sufrir y la madre que lo impulsa al nacimiento, aun conociendo que será él quien ha de sufrir.

Veinticuatro años:

El niño acurrucado como un sastre: la posición fetal.

Negativa a lamentar la muerte por fuego de una niña en Londres:

Las estaciones del aliento: = las estaciones de la cruz. Los amigos perdurables: los gusanos.

Las oscuras venas de su madre = las venas de la tierra.

Poema de octubre:

Francis Scarfe ha considerado este poema como una variación sobre el tema de "En un principio". Pero sin duda aquí la simbología cabalística de letras, signos y vocales se ha reemplazado por una enumeración de los hechos de la naturaleza —a la manera de Wordsworth— y por reminiscencias infantiles.

Por desgracia una muerte:

La imagen del Fénix en este poema significa aspiración celestial.

Muertes y entradas:

El último Sansón de tu zodíaco = el enemigo aéreo que bombardeará Londres, hará que los cielos se desplomen, como hizo Sansón al derribar el templo.

Cuento de invierno:

Este poema narrativo se basa en una leyenda. Un hombre que vive solo, una noche, en medio de la oscuridad y el frío, ve un bello pájaro hembra cerca de su casa. Corre toda la noche para alcanzarla, pero ella vuela cada vez más lejos. Cuando al fin desciende, lo cubre con sus alas; el invierno se transforma en primavera, ella se vuela y el espíritu de él la sigue. Su cuerpo sin vida aparece a la mañana en la cima del cerro. También tiene una clara relación con una antigua ceremonia invernal galense ante el advenimiento del nuevo año. En Gales, antes de la era cristiana, y entre ciertos campesinos aún después, la deidad mayor era una diosa y el rito de mitad del invierno se celebraba en su honor. La primavera que llega desde la tierra de los muertos es una recreación de este mito.

La visión religiosa de D. T. está de acuerdo con la leyenda. Aquí te concibe el amor dentro de la muerte, y luego triunfa una suerte de rito de renacimiento.

Pan a la deriva: Otra vez, alusión al maná.

Una vez hubo un salvador:

Recreación de la leyenda mesiánica con la imaginería propia del universo tomasiano.

En mi oficio o arte sombrío:

El acto de la creación, visto no sólo como un acto de desinterés, sino como acto sagrado.

Sullen = terco, hosco, sin significado inmediato.

Ceremonia depuse de un bombardeo = Ceremony after a fireraid:

Fireraid se tradujo como "bombardeo" porque el poeta se refiere concretamente a un bombardeo ocurrido en agosto de 1941.

Cuando desperté:

"Hago a Dios en el lecho, el bien y el mal": Simboliza a Dios como la bondad y al lecho como el pecado. Juego de palabras en inglés: (God in bed, good and bad).

Visión y plegaría:

Uno de los poemas devocionales que mejor caracterizan la poesía thomasiana del tercer período.

Se ha traducido con la misma forma gráfica que empleara el poeta.

Balada del señuelo de piernas largas.

El núcleo central es que la salvación debe venir de la mortificación de la carne y esta idea se apoya en un argumento basado a su vez en una antigua leyenda céltica.

"El pecado con forma de mujer" o la "carne enemiga" muestran con claridad la idea básica que no se desdibuja a pesar del impresionante y bello cúmulo de metáforas.

Con la muerte de la muchacha, surgen los muertos desde el fondo, retorna el Edén y el mar desaparece.

Fern hill:

Tal era el nombre de la granja donde D. T. pasó parte de su infancia. Este poema ha sido considerado por la crítica como uno de sus mejores poemas celébratorios.

En el sueño campestre:

Además de enunciar hechos y elementos de la vida cotidiana en una granja, representa la condición del hombre antes de su despertar a la conciencia.

En el muslo del gigante blanco:

Este poema hubo de formar parte de un cuarteto que iba a llamarse "In country heaven". "En el cielo campestre".

De este poema ha dicho Mervin que se trata de la narración de "un amor antiguo desesperado y estéril".

El muslo del gigante blanco: es un hito que lleva ese nombre en una colina de Gales.

"Las fogatas cierta noche de otoño". “Fawkes fires” en el original: alude a la noche del 5 de noviembre en que se conmemora con fogatas el fracaso de la conjuración de la pólvora en 1605.


1 comentario:

  1. Piola esto de leer en los blogs libros, no había visto antes nada de Thomas Dylan, tiene pensamientos brillantes. CS

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